sábado, 19 de abril de 2014

DESDE LOBOS AL SUR: ARÉVALO, CARBONI, SANTA RITA, ELVIRA Y ERNESTINA.

El otoño brinda ventajas para el que se interna por los caminos de tierra a pedalear: no se sufre el calor y el fresco se compensa con el calor del cuerpo. Pero los tonos ocres y un día nublado pueden pegar mal al ánimo si vas solo. Y ni hablar si el camino es monótono y te toca volver por la misma senda que la que fuiste.
Por suerte la tarde otoñal que compartí con los amigos de Aguilas del Sur, tuvo todos esos ingredientes pero pude dar con muchas cosas interesantes.

Estación Lobos.

Viejo edificio sobre el camino a la altura de la Estación Arévalo.

Estación José Santos Arévalo.
Salimos de la ciudad de Lobos y seguimos el camino de tierra que corre paralelo a las vías del ex Ferrocarril Sud, ramal a Carhue. El camino es importante y muy transitado. Pero nos encontramos con muchos sectores con barro provocado por recientes lluvias pero principalmente por falta de mantenimiento.
A poco de andar dimos con un viejo edificio abandonado. Toda la pinta de un boliche o almacén. Estaba a la altura de la estación José Santos Arévalo. Estación ocupada a la que solo pude sacar fotos con el zoom a pleno. 

Detalle de edificio en Carboni.

Entrada al Club.
La estación que sigue es la de Antonio Carboni y está rodeada de un pueblo importante y muy lindo. Se destaca una hermosa escuela con un edificio muy bien cuidado. Antonio Carboni era un hacendado y donó terrenos para habilitar la estación ferroviaria. Una historia conocida por otros lares.
Como el grupo de pedales tenía que seguir no me dio el tiempo de volver a visitar el edificio de la parroquia de La Sagrada Familia, diseñado por el afamado arquitecto Bustillo. Tampoco pude dar –ya saliendo del pueblo- con el apeadero “Santa Rita”, que servía a la estancia homónima que en su entrada posee un impresionante portal pero sin la herrería original y muy deslucida. Esa estancia llegó a tener -a fines del siglo XIX- nada más ni nada menos que 13.000 hectareas!!!

Entrada a la estancia Santa Rita.
El camino en esta parte ya se va poniendo arenoso. Ha tenido tiempos peores. Con las lluvias estaba bien asentado. Paisaje monótono que es cortado por un cartel que anuncia la llegada al siguiente pueblo: Elvira.
Este pueblo pertenece al partido de Lobos y recibe su nombre de otro miembro de la familia Carboni: María Elvira Carboni. Y tiene cosas copadas: una vieja almacén y la hermosa capilla levantada en memoria de Antonio Carboni. En el acceso pude descubrir entre árboles y yuyos lo que queda de una estación de servicio abandonada.

A pocos kilómetros de Elvira dimos con el rio Salado que arrastraba un importante caudal de agua producto de las intensas lluvias de días pasados. El agua cubría casi totalmente la luz de los puentes carreteros y ferroviarios y consecuentemente invadía campos contiguos al lecho regular del Salado. Pescadores se deleitaban sacando enormes carpas, una especie que amenaza el ecosistema ya que avanza sobre todo el resto de las especies ictícolas.

 

Estación de servicio abandonada.

Ya no es negocio el suministro de combustible en Elvira.

Rio Salado.

Restos del viejo puente sobre el Salado.

La tarde avanzaba y por lo tanto avanzamos rápido hasta lo que sería la cabecera de nuestro viaje: el fantástico pueblo de Ernestina, ya en el partido de 25 de Mayo.
La moraleja a esta altura de la jornada: si eres dueño de la tierra tienes derecho a ponerle nombre a la estación. El dueño original de esas tierras –tras la conquista y desalojo por la fuerza de sus anteriores propietarios- era el Sr. Enrique Keen. Su hijo, Enrique Agustín Keen se casó con la Sra. Ernestina Gandara Casares y de ahí el nombre de la estación y el pueblo.
Impresionante el colegio “Dr. Enrique Keen” dirigido por las Hermanitas de San José de Montgay – Lyon, que tiene un patio en el que se puede ver un hermoso patio techado. También se encuentra el Teatro Argentino al que no puede entrar. Ingresamos sí, a la capilla que levantaron en 1912 Enrique Keen y Ernestina Gándara en memoria de sus padres y su hija Ernestina Nicanora.

Patio del colegio.

Colegio Dr. Enrique Keen
Teatro Argentino



Interior de la Capilla.

Carnicería Modelo.

Calle principal en Ernestina.

Estación.


Casa en Ernestina.

Entrada a la capilla de Elvira.
 
Interior de la capilla de Elvira. 

Esperando que vuelva el tren.
Almorzamos sentados en alguna vereda frente al boulevard coronado por enormes palmeras y que recibía a quienes bajaban del tren en la estación que desde 2012 no tiene actividad alguna.


Jorge

lunes, 24 de marzo de 2014

EL VIEJO CAMINO DE BUENOS AIRES A ROSARIO. PARTE I: CARLOS KEEN, VILLA RUIZ, CUCULLU, SAN ANDRÉS DE GILES, PARADA KM 108. LOS PUEBLOS NO SOLO DEJARON DE VER PASAR EL TREN.

El recorrido que hice. Se puede ver en esta imágen la distancia del viejo camino de las actuales RN 7 y RN 8.

Carátula del Plano de Caminos que disparó la idea de hacer este relevamiento,
sin pretensiones de alcanzar rigor histórico.

Referencias del plano de 1931
Introducción.


Hace un tiempo me topé con unos viejos planos de caminos editados por la Oficina Cartográfica “Montenegro Paz” para el Touring Club Argentino (TCA), entidad que junto al ACA promovieron el uso del automóvil a principios del Siglo XX. Uno de esos planos recorre el viejo Camino entre la Ciudad de Buenos Aires y Rosario, en la Provincia de Santa Fe.
El plano, que fue confeccionado de acuerdo a relevamientos en el propio terreno durante los años 1930, 1931 y 1933, nos muestra un camino muy distinto al actual. Nada de autopista ni las rutas clásicas que corren radiales a la ciudad capital de nuestro país.
El camino a Rosario –al menos el que resultaba recomendable por el TCA para esa época- salía de Buenos Aires y tomaba hacia el Oeste, pasando por Luján, San Andrés de Giles, y girando al norte al llegar a Carmen de Areco, y su ruta hacia Arrecifes, Pergamino, San Nicolás, Villa Constitución y Arroyo Seco.
Si bien existían caminos reales a principios de los años 30 del siglo pasado, no existían los grandes corredores viales –tal como hoy los conocemos- que hoy parten de Buenos Aires hacia el Oeste y el Norte del país. La Ruta Nacional (RN) 8 es de 1943, la RN 7 data de 1945 y la RN 9 fue pavimentada en 1936.

Referencias del plano de 1931
Me gusta descubrir cosas a bordo de una bicicleta y este plano del TCA me ofrecía pistas interesantes: emplazamientos de caminos que hoy se encuentran en desuso, viejas almacenes y estaciones de servicio, puentes y alcantarillas. Además me resultó interesante la cantidad de avisos publicitarios que trae el plano en su reverso, en el espacio dedicado a exponer las bondades de las ciudades destacadas del recorrido. ¿Quedaría alguna señal de esos edificios comerciales, talleres, almacenes y estaciones de servicio que sirvieron a locales y viajantes hace ya 84 años?
Me propuse relevar el viejo camino partiendo desde la localidad de Carlos Keen (Estación ferroviaria perteneciente al FCGM ex FCCA) hasta Apeadero Km. 108 (FCGU ex FCCBA), pasando por Villa Ruiz, Cucullú y San Andrés de Giles.
Ya había pedaleado por la zona –de hecho fue mi primera salida tras mi retome a la bici en 2008- pero esta vez me propuse hacerlo desde la perspectiva de aquellos que se internaban en la “aventura” de viajar en auto, sin la tecnología actual, por caminos de tierra y un poco a la buena de Dios.
Al ver los viejos edificios de tiendas comerciales, los almacenes con viejos surtidores, los puentes empedrados, no es difícil imaginar avanzando a toda velocidad y levantando polvo un Ford A o un T, un Ruby o un Oakland con sus pasajeros llenos de tierra.

Sin lugar a dudas fue un camino otrora importante. Lo sigue siendo pero no con esa proyección interjurisdiccional. Hoy existe para la gente de la zona. Nada más. La importante cantidad de surtidores de combustible que sobrevive en el recorrido da cuenta de un pasado muy transitado y sediendo de petróleo. 

Arrancando desde Carlos Keen y pasando por Villa Ruiz y Cucullú:

Estación Carlos Keen
Carlos Keen florece todos los fines de semana gracias a la visita de cientos de turistas. Y se lo ve activo. Ayuda mucho el hecho de que la ruta que sale de Luján se encuentra en muy buen estado. Si bien la estrella de la zona es el ramal ferroviario del Mitre que vincula Pergamino con el Oeste, la ruta nunca dejó de ser importante. El puente sobre el arroyo De la Cruz muestra bases sólidas y un estilo de construcción propio de los años 30 del siglo pasado.
Con algunas curvas cerradas y lomos de burro que rompen aspiraciones pisteras de algunos automovilistas, el camino te deja suave en Villa Ruiz. Entre los distintos edificios interesantes que se pueden encontrar allí, se advierte una importante cantidad de construcciones que tuvieron destino comercial entre las que se destaca la estación de servicio. Mucho comercio para el pueblo. Me permito inferir que se abastecían en Ruiz los pobladores de los campos de la zona y muchos viajeros que se movilizaban en auto hacia el oeste y el norte del país.

Estaciòn de servicio en Villa Ruiz. Al fondo viejo surtidor. Más antiguo que los que se ven al frente.

Estación Villa Ruiz.
La estación de tren tiene la clásica estampa del Ferrocarril Central de Buenos Aires: una sencillez sobrecogedora. Nada de la imponencia de las vecinas del FCCA o la elegancia de las franco-belgas del Compañía General. Ladrillo, madera, techo a dos aguas y chau. Muy lindas, un éxito seguro en Palermo Vegano o para una producción de la revista Oh La la!mostrando chicas hippie chic.

Almacén en Ruiz. Nótese la pintada política que aún se deja y menciona a Vicente Solano Lima (Vicepresidente de Cámpora y fallecido en 1984)

Otro comercio a la vera del camino en Ruiz.
Saliendo de Ruiz se pasa por un cementerio de ómnibus de la empresa Atlántida. Después de formar parte activa en el infierno vehicular de la Ciudad descansan en paz en este páramo. ¿Será adecuado el lugar para tal fin? ¿Habrán retirado las baterías viejas, los fluidos contaminantes antes de darles destino final a los bondis en medio del campo? Yo no tomaría agua de las napas en esa zona.
Cruce ferroviario. Dos empresas ferroviarias, dos trochas, un destino común: el abandono.
Al toque se llega al cruce de los FFCC Mitre y Urquiza que era administrado por un complejo sistema de señales desde un importante cabin para evitar colisiones entre trenes. Hoy no hay riesgo de choques ya que no hay trenes ni nada que pueda circular por esas vías. Pero ojo! Alguien estuvo limpiando las vías del FCGU. ¿Se viene la reactivación? Ver: http://portaldetrenes.com.ar/entrevias/2014/02/la-cooperativa-ferrocarril-central-buenos-aires-presenta-su-coche-motor/ 
Puente empedrado

Detalle del puente.

Antes de llegar a Cucullú se cruza, por un hermoso puente empedrado y con bases de ladrillo con detalles de terminación muy esmerados, la Cañada del Sauce. Mucha paz que te aleja de la realidad. Pero el aroma del humo que sale de hornos de ladrillos te anuncia la cercanía al pueblo hornero y alfarero de Cucullú.






Visité la estación del FCGU y el edificio que perteneció a la Escuela Nro. 5 hasta 1946. La calle principal cuenta con muchos comercios y frente a una moderna casa permanecen dos viejos surtidores que hoy ya no se usan.
Escuela Nro. 5. Desde 1946 ya no funciona en el lugar.

Estación Cucullú. El perro no estaba amigable.

Comercios en Cucullú.
Surtidores en Cucullú.

Viejo cartel que señala el camino a San Andrés de Giles. Ya no se lo usa ya que la gemte tiene la RN 7 asfaltada pero peligrosa!

El flujo del pueblo corre hacia el acceso a la RN 7 pero en el cruce que está coronado por un viejo almacén y panadería por un lado y la iglesia por el otro, se encuentran viejos carteles de vialidad que dirigían el tráfico hacia el camino de tierra que corre paralelo a las vías del Urquiza y que te llevan directo a San Andrés de Giles. Eso era antes de que la gente tomase casi ineludiblemente la RN 7 para ir hasta Giles o Buenos Aires. En la actualidad el camino de tierra quedó sin protagonismo, pero aún detenta sus joyas: antiguos, hermosos y nobles edificios y una importante cantidad de señales que se van volviendo ilegibles con el paso del tiempo.

San Andrés de Giles.

Sugerencias en 1931.

Bar 2 de Mayo.

Estaciòn San Andrés de Giles.
En la entrada de Giles se encuentra el histórico Bar “El 2 de Mayo”. Pintoresco edificio de ladrillos como era usual para época en que se lo levantó y que servía para las pausas de reseros y viajantes. El acceso original a la ciudad y su posterior salida hacia el oeste conformaban una verdadera escuadra. Por un lado lo que hoy es la Ruta 193 y la Av. Lucas Scully que, tras abandonar el ejido urbano, se convierte en el camino hacia Carmen de Areco.
Por esas dos arterias pasaba el grueso del flujo vehicular. Ello queda evidenciado –amén del movimiento que generaba el tren- por la presencia de talleres, viejas barracas y almacenes con surtidores. 

Debía ser todo un rollo circular por esas calles y parece que en 1927 encontraron una solución: crear una diagonal que hoy corre en paralelo a las vías del FFCC y que pasa frente a la estación. Una hermosa placa identifica a la diagonal con el nombre de “Jorge Morgan”, “gran propulsor de la vialidad” gracias a una ordenanza del 26 de junio de 1927. De ese modo el tránsito que corría por el camino a Rosario podía hacerlo sin tener que ingresar al pueblo de Giles.
Vieja escuela.
Almacén de "Blanco y Blanco" la que se identifica en el aviso de la carta de planos del TCA.

Detalle del surtidor.
Nunca falta en los almacenes un buzón.









La ciudad también tuvo un fuerte desarrollo en los alrededores de la plaza principal. Tiene unas construcciones lindísimas y muy bien conservadas gracias a la intervención pública y privada. 









El pueblo que nació en 1793 –un mojón a la vera del arroyo Giles da cuenta del lugar en el que todo arrancó- era descripto por la oficina cartográfica Montenegro Paz en 1931 con los siguientes términos: “SAN ANDRÉS DE GILES es una población moderna; sus calles centrales bien pavimentadas, su edificación compacta y sus casas de comercio bien presentadas le dan un aspecto atrayente. Su población está calculada en unos 6.000 habitantes. Es centro comercial de una rica zona agrícola, siendo sus principales productos: lino y maíz. Su estación despacha anualmente unas 4.000 toneladas de lino y unas 7.500 de maíz.”

Puente sobre el arroyo Giles. Aún se pueden ver los restos del viejo puente.

Monolito que da cuenta del primer loteo en el pueblo. Hacia fines del siglo XVIII.

Otro puente sobre el arroyo Giles.

Casa Pelàez, La misma del aviso de 1931.

Casa Mendez. La misma del aviso. Impresionante edificio.

Edificio municipal

Placa en el hall del edificio municipal.
Escuela común.



Ex biblioteca. Hoy mercería. Los tiempos cambian ...

Mercado Municipal. Hoy es un centro cultural.

Portal de club con sus ventanitas para vender entradas a eventos.

España.

Italia.


Casa de la familia Cámpora.
En la carta de planos se anuncian agentes de las automotrices Ford y Chevrolet y las Casas comerciales “Méndez Hnos. y Ruiz y Peláez” y el “Almacén – Bazar – Ferretería de Blanco y Blanco” que ofrece su surtidor de nafta y aceites.  Lo lindo es que se pueden encontrar todos esos comercios –o mejor dicho los edificios que los contuvieron- haciendo una recorrida con la vista al cielo buscando los remates de las fachadas de los viejos edificios.

Se destacan los edificios de la Municipalidad, el de la Iglesia, los de las comunidades Italiana y Española y el Mercado Municipal. Impresionantes todos. Busqué y encontré –con ayuda de un vecino vendedor de pochoclo- la casa de Héctor Cámpora, presidente de la Nación en 1973, año de mi nacimiento.

En medio de mí recorrido por la ciudad, pedaleando con cadencia y sin rumbo (así es como se encuentran las cosas), me topé con un lugar que parecía ser el must del día: la casa de remates “Burgos”. Millones de argentinos nos deleitamos viendo programas de Las Vegas en los que se simulan pujas por objetos antiguos y a pocos km de Buenos Aires lo tenemos al martillero Burgos vendiendo al mejor postor –blandiendo actoralmente el martillo de rematador y a vivísima voz- sifones, muebles, vajilla y hasta un espejo que quien sabe lo que habrá reflejado, hasta llegar a concretar la venta por remate. Un verdadero show. De haber llevado dinero y las alforjas hubiese ofertado por unas piezas de vajilla. Los remates convocan mucha gente. Estaré atento para la próxima.
Almuerzo bajo el amable sol del otoño.
La Av. Scully te deja en el puente vial cruza el arroyo Giles. Es un puente moderno pero debajo de él resisten los restos del viejo puente de ladrillos. Cruzando la ruta 41 el camino se hace de tierra. Es muy ancho y sigue más o menos a la par de las vías del Ferrocarril Urquiza.

Más allá de Giles.

Escuela en paraje Km 108.

Almacén KM 108 y sus surtidores.
Nada de nada, desolada la ruta. Pero de golpe algunas construcciones: una sencilla escuela con amplios ventanales y un enorme edificio en el que funciona la “Sociedad de Fomento KM 108”. Pero la estrella del paraje es el almacén –que se encuentra cerrado- con sus surtidores, estafeta postal, teléfono público y hasta una curiosa ventanita como las que usan las farmacias para atender en las noches de turno. Aún se conservan carteles publicitarios de chapa anunciando marcas como “Crush” y “7 Up”.
El nombre del paraje proviene del cercano Apeadero Km 108 del Ferrocarril Urquiza.
Seguí unos pocos kilómetros más hasta el arroyo de Las Chanaritas. Supuse que encontraría un puente pero solo hallé una alcantarilla muy bien construida y conservada.
La vuelta la hice por otro camino, saliendo para el paraje La Florida, pasando por el Cementerio abandonado de Giles, el Club de Planeadores Albatros, y Villa Espil. En total 102 km cómodos salvo por el viento en el primer tramo del recorrido.
Espero continuar recorriendo el camino hasta donde se pueda tras historias y nuevas cosas para descubrir.
Continuará. Hasta Rosario no paramos …
Jorge.