viernes, 27 de agosto de 2010

EL RAMAL LA PLATA A LEZAMA. BAVIO - FERRARI - VERGARA

Las instalaciones de la Estación Vergara son viejos vagones.
Hay varios así entre los árboles de un frondoso monte.
Impresionante despliegue carnicero.
Cartel que anuncia la llegada a Vergara
Lo único que se puede ver de la desaparecida estación Ferrari. Prohibido el ingreso.

Pese al clima adverso nos corrimos nuevamente a Bavio al sur de La Plata para internarnos en el agreste terreno que ofrece la zona sur, con caminos solitarios de conchilla y una bajísima densidad de población. Una zona que se caracteriza por los fuertes vientos siempre presente y pueblos alejados -unos de otros- lo que obliga a pedalear sin referencias a lo largo de muchos kilómetros.

Asimismo es una zona en la que se evidencia una época del país en la que se han llevado adelante proyectos cuya utilidad bien puede ser cuestionada en el curso del siglo XXI, pero para opinar habría que haber vivido años atrás o preguntarle a gente que realmente sabe.

Y uno de esos proyectos locos, es el ramal La Plata – Lezama del FCS (Ferrocarril Sur, hoy Roca). La recorrida que encaramos quien escribe, Marcelo, Adrián y Nico tuvo como finalidad alcanzar la Estación Vergara de dicho ramal partiendo desde Bavio.

Dejamos Buenos Aires bajo una densa niebla y siendo media mañana nos internamos en el campo hacia el sur. Pasamos por lo que que era el desvio del FFCC Roca a los ramales a Verónica y Magdalena, en el que sobrevive lo poco que queda de un cabín de señales otrora activo.

Con viento en contra intenso cruzamos la Ruta 36 y tras habernos cruzado con unos chicos del grupo La Loma de La Plata que venían de pasar el fin de semana en Chascomús, dimos -a los pocos kms- con el terraplén perteneciente al ramal a Lezama.

Tras pasar por una típica escuela rural alcanzamos lo que alguna vez fue el apeadero José Ferrari. Sobreviven los carteles dentro de un predio apropiado. No hay otras construcciones vinculadas al ferrocarril salvo algunos galpones y menos aún atisbos de lo que podría llamarse “pueblo”. Solo la estación y la escuela en medio de la nada.

Ese panorama se presenta en otras postas del ramal en cuestión, tal el caso de la estación Poblet (ya visitada en otra oportunidad) y la de Vergara. De ahí lo extraño de este ramal que recorre zonas verdaderamente inhóspitas y que fue inaugurado en el mes de diciembre de 1914.

Ferrari no llegó a ser estación y se quedó en apeadero. No fue el destino de la siguiente parada: la estación Vergara. A este pintoresco lugar –que podemos calificar de pueblo por existir además de la estación un almacén, la escuela, una casa y una cancha de paleta- llegamos motivados por el hambre. Nos habían avisado que había fiesta y esa palabra en medio de la pampa significa carne.

La estación Vergara es rara. Un gran tanque de agua metálica, muchos vagones de chapa viejísimos reconvertidos en viviendas. Todo en medio de un tupido monte de eucaliptus. Gracias a la fiesta todos esos sectores volvieron a sentir la presencia de personas que estaban presentes para participar activa o pasivamente de carreras de sortija y otros disciplinas que uno asocia al campo profundo. Personajes que no se ven en Buenos Aires, ataviados en sus atuendos criollos, facón y altas cantidades de alcohol. Ante semejante cóctel me pareció acertada la presencia de un patrullero. El vino toraba, la sangría, un wiscacho de cuarta, y fernet que eran chupados en cantidades memorables y el promedio de un facón y medio per cápita pueden desembocar en una auténtica guerra gaucha.

La carne merece capítulo aparte. Esta siendo asada en cruz. Muy rica. Nos bajamos dos kilos de vacío y un cuarto trasero de un cordero entre los cuatro a mano y pan y con la única ayuda de una victorinox. El menú, variado: pan y carne. Nada más. La ensalada mixta como compañera natural del asado definitivamente es un invento porteño tan extraño en estas tierras como un gulash húngaro, una feijoada brasilera o el sushi japonés.

Anochece rápido y tuvimos que pegar la vuelta. Por suerte con viento a favor. En total fueron poco más de 100 kms. Extraña zona pero siempre rendidora.

Jorge

lunes, 28 de junio de 2010

SIGUIENDO EL FFCC PROVINCIAL. UNA VUELTA POR SAN MIGUEL DEL MONTE y GOBERNADOR UDAONDO.

Recorrido en Google Earth. Si se acerca la imagen con el zoom se pueden apreciar las zonas bajas, llenas de bañados y cursos de agua.
Cartel de la Estación Udaondo. Atrás la acumulación de agua tan típica de la zona.
Perfil de la Escuela N°2 de Cañuelas "Tambor de Tacuari". En medio del campo, alejada de todo y resiste. Parece media abandonada pero la existencia de láminas dando cuenta del Bicentenario da cuenta de actividad reciente.
Uno de los ocho barriales que hubo que sortear para llegar a Udaondo (y luego pasar nuevamente para volver). El agua va más allá del camino.
Edificio de la Municipalidad de San Miguel del Monte. Abanderado.

Llegué a eso de las 10 de la mañana a San Miguel del Monte y pese a que ya no era tan temprano hacía mucho frio. La ciudad estaba en plena actividad y como siempre, todo muy prolijo.

La idea de la salida era la de seguir la línea del ferrocarril Provincial –Etcheverry – Mirapampa-, clausurado desde 1961, más conocido como el tren de “La Plata al Meridiano V (límite de la provincia de Buenos Aires con la de La Pampa)”. En la zona de Monte el Provincial que viene desde La Plata cruza sobre nivel con el FCS (Roca) que corre de Cañuelas a Las Flores y después.

Atravesé la zona de quintas de Monte, crucé la Ruta Nacional 3 y luego la 41, para internarme en el campo. Crucé un caudaloso arroyo que termina en la Laguna de Monte y al poco tiempo divisé el terraplén en el que se asentaban las vías del Provincial.

El camino de tierra estaba en buen estado, pero soplaba un viento muy fuerte y frio. Uno de esos vientos que se visualizan por la pronunciada curvatura que adoptan los pastos al costado del camino y las ramas de los árboles –medias peladas a esta altura del año-.

Avancé a no más de 18 km/h hasta llegar al acceso al lugar en el que alguna vez funcionó la estación Goyeneche. El acceso estaba cerrado con una tranquera y tres cadenas con candados. Si bien en GPS da cuenta de que el camino es público, no daba pasar ya que no quería comerme el garrón de tener un quilombo estando solo.

A lo largo del recorrido vi muchos sectores del viejo ferrocarril ocupados con fines de explotación, sería bueno saber si el Estado cobra canon por el uso discrecional de espacios públicos.

Al toque empezaron los problemas en el camino. Toda esa zona es de bajos, con sus bañados y lagunas y con tanta agua, esos estanques invaden la calzada haciendo correr agua de lado a lado, generando grandes barriales -algunos de más de 100 metros de extensión- y con huellas muy profundas a los que solo se le animan los tractores. No hay obras de drenaje –salvo algunos caños rotos- a lo largo de todo el trayecto. Eso barriales –fueron ocho en todo el trayecto- no te daban opción o te metías en ellos o no seguías. La cosa es que me terminé mojando los pies y la ropa y con el frio fue una dura combinación.

Pero gracias al agua se pudieron ver muchas aves -teros, águilas, cotorras, cigüeñas, bandurrias y otras especies que no sé como se llaman- y hasta una especie de cenote –como los de América central- con aguas surgentes.

Llegué todo mojado y con barro encima a la Escuela N°2 “Tambor de Tacuarí”, típica construcción tan representativa de las escuelas rurales bonaerenses. A los fondos del colegio una araucaria me trasportó –gracias a la bajas temperaturas- a Neuquén.

Volví a dar con la traza del Provincial –nuevamente inaccesible por el alambrado y la cantidad de agua que inundaba su entorno- y a los pocos minutos llegué a Gobernador Udaondo. El pueblo pertenece al Partido de Cañuelas y vio la luz en 1911 con el paso del ferrocarril. Se destacan algunos viejos edificios, un rancho de adobe de reciente construcción y la capilla que junto a la estación son los edificios más importantes.

Lo primero que se advierte cuando se entra por el camino de tierra a Udaondo es el imponente tanque de agua del ferrocarril y la estación de tren que esta impecable, muy bien cuidada como si el tren estuviese por pasar en 10 minutos lleno de funcionarios e inspectores decididos a verificar que este todo bien y descabezar al jefe de estación en caso de que advirtiesen el mínimo error.

En las calles del pueblo no había nadie y estaba todo cerrado, lo que junto al clima invernal y la ausencia de verde en la vegetación, hacían del panorama una verdadera lágrima.

Aproveché a sacarme las prendas mojadas y las puse a secar al sol que amagaba a asomarse de a ratos. No se secó nada lo cual no me calentó ya que iba a tener que volver a pasar por los barriales y me iba a empapar nuevamente.

Salí –ya con viento a favor y algunas gotas de lluvia- con destino a Monte, ciudad a la que retorné a eso de las 17 hs. Muy linda la plaza principal con sus edificios históricos abanderados con motivo del bicentenario. Se congregaban frente a la Municipalidad varias cupecitas de Turismo Carretera que asistían a un encuentro, provenientes de todos lados.

En definitiva, con frío y viento en contra, mojado, embarrado, con algunas gotas de lluvia, un mix aromático de pasto, barro, bosta de vaca y excrementos de pollos (toda una constante en la zona), concluí otra salida y pese a todo eso, cada vez me gusta más.

Jorge

Link con más fotos: http://picasaweb.google.com/jorgelusona/MONTEUDAONDO

miércoles, 16 de junio de 2010

FIN DE SEMANA A PURO PEDAL. MEGABIKERS: GENERAL RODRIGUEZ – CAÑADA DE ARIAS – LA CHOZA. COMPETENCIA: PRIMERA FECHA CAMPEONATO LUJANENSE DE RURAL BIKE

Escuela N°3 en la zona de Cañada de Arias. San Martín pide a gritos: "Poden las plantas la puta madre que no veo el paisaje!"

Copetineando en La Choza
Bajando del terraplen de la presa
Campeonato Lujanense. Sorteando el barro. Foto de Claudio Decuzzi.

Sábado con los Amigos Megabikers por el Oeste.

El sábado pasado fuimos con Alepol y los Mega a recorrer el “Mediano” Oeste. Tras una salida frustrada por la lluvia, finalmente la salida se pudo concretar.

Salimos de la Estación Gral. Rodríguez del ex FCO con destino a La Choza.

Saliendo de Rodriguez hacia la RP 24 pasamos por el Hospital Provincial Vicente López y Planes. El nosocomio se asienta sobre un predio arbolado muy lindo. Como los viejos hospitales, presenta distintos pabellones de refinada arquitectura. Cada pabellón tiene su estilo y se nota que fueron levantados en distintas épocas. Cada edificio hace referencia a las personas o instituciones que donaron el dinero para levantar el edificio. Se destaca una importante iglesia de construcción más moderna que el resto de las edificaciones. El Hospital empezó a funcionar en 1916 y hoy pertenece a la Provincia. Desconozco cuál pero uno de los edificios –averigüé- fue construido por el Arquitecto Juan Buschiazzo, que entre sus obras cuenta a las del cementerio de Chacarita, Belgrano y Recoleta, la Plaza Francia y los Hospitales como el actual Ramos Mejia, el Muñiz, el Borda, el Italiano y el Durand.

Luego tomamos –todos en fila india- el asfalto de la ruta 24, rodeados de la naturaleza del siglo que se viene con perfiles de edificios industriales y chimeneas quemando gases químicos, cruzamos el arroyo La Choza y al toque tomamos la tierra.

Paramos a reagrupar y sentí que cuando tocaba el manillar de la bici una corriente eléctrica atravesaba el cuerpo. Pensé en el celular que vibraba pero lo cierto es que estábamos parados bajo una torre de alta tensión. Algunos amigos denunciaron cosquilleo en la entrepierna.

Toda la zona de Rodríguez esta atravesada por torres de alta tensión. Todas se juntan en el centro de interconexión al que llegan líneas de todo el país. Ahí la electricidad se transforma para su distribución posterior en el área metropolitana.

Siguiendo por tierra y antes de llegar a la Ruta 6 divisamos una impresionante presa que corona un enorme terraplen. Presa que participa del sistema de las presas de la zona Oeste con el Dique Roggero a la cabeza.

Finalmente llegamos al pueblo de La Choza y nos metimos derecho a “Lo de Mendoza” que a esa hora contaba con mucha concurrencia. Compramos sanguches de chorizo seco, queso y dulce y milanesas. Todo muy barato y bajo la luz del sol de junio armamos un megapicnic.

De lo que fue la estación del FFCC Cia. Gral solo queda el cartel y las vías con señales del regular paso de las zorritas de los amigos del Belgrano.

Repuestas las energías y haciendo frente a un viento bien marcado y a manchones de barro traicioneros volvimos a Rodríguez cuando el sol se disponía a esconderse.

Primera fecha del Campeonato Lujanense de Rural Bike.

Al día siguiente a la salida de los Mega me fui a correr la primera fecha del Lujanense de rural bike que se corrió en Carlos Keen.

Estaba medio cansado por la salida del sábado que sumó más de 80 km con mucho barro. Pero como ya estaba anotado fui igual.

Llegué y estaba toda la gente del rural. Bien la organización y esta vez con el agregado del chip para control de tiempos. Dieron el presente la agrupación Miguelito Bikes con Marcelo Balboa y la gente de Alberti.

El día estaba lindo pero fresco, con una sensación que tiraba para abajo por el intenso viento.

Se fue largando por categorías con un plan inicial de hacer 75 km. Se trataba de dar vueltas a un circuito de poco más de 12 km. El primer tramo era mortal por el viento y los manchones de barro bien denso. En muchos sectores del recorrido el camino corría bajo la sombra de frondosos montes lo que hizo que la senda se mantuviera húmeda y consecuentemente re pesada.

Un soñaba que cuando llegase el tramo con viento a favor recuperaría fuerzas pero no. El barro que había era terrible. A la segunda vuelta tenía un kilo de tierra en las zapatillas y otros dos incrustados en la bici. Alguna gente se quejaba por el barro pero la disciplina es rural bike. El nombre lo dice todo.

Nos habían avisado al inicio de la carrera que eran cinco vueltas pero cuando venía medio guardado en la cuarta me dicen que terminé. Claro, es que me había sacado una vuelta el primero. Para tener en cuenta la próxima y anotar: “Leer el reglamento”.

Terminé bien, pero podría haber andado mejor.

lunes, 31 de mayo de 2010

DESAFIO AL VALLE DEL RIO PINTO 2010 - LA CUMBRE - CORDOBA

Aún sonreía en "El Mirador". Ya superada la mayor cuesta del recorrido. Solo con la botellita de agua. Debí haber parado para comer algo. (i)
Uno de los primeros vados, en la bajada del Cuchi Corral. (i)
Las primeras largadas, bien temprano en la mañana. (i)
La feria (i)
La típica foto iniciando el cruce del vado del Río Pintos. (i)

La previa.

Si no fuese por la insistencia de Grace para que vaya al “Rio Pinto” ni loco hubiese decidido irme hasta La Cumbre – Córdoba para formar parte del clásico del mountain bike argentino: EL DESAFIO AL VALLE DEL RIO PINTO.

A las apuradas y sin entrenamiento caí a la hermosa ciudad serrana con Nico y Ariel. En el destino ya estaba Grace, Omar, Charly y luego se sumaron Marcelo y Cristina.

Paramos en el Hotel Palace, epicentro de la organización de la carrera, en cuyo predio se levanta una feria en el que exponen todas las marcas y se encuentran los bicicleteros amigos –Nodari, D’Aye y Halawa, entre otros-.

Es una locura La Cumbre en esos días. Todo es bicicleta, una ciudad “bike friendly”. Un “bariló” para los que nos gusta la bicicleta. Lleno de gente que anda en bici por todos lados.

Al día siguiente, una vez acomodados fuimos a probar qué pasaba en la Bajada del Cuchi Corral. Primer tramo de lo que sería la carrera dos días después. Pues bien, es una especie de montaña rusa para la bici, bajadas, curvas, vados, piedra, horquilla que se siente vivir y rebotar como loca.

Después de haber bajado retomamos la cuesta con mucho esfuerzo y hasta un lagrimón.

Ahí tomé conciencia que andar en bici en la sierra no es como en la llanura. Me surgieron mil inquietudes ante la cercanía de la carrera. Pero como la improvisación ha sido un clásico en mi vida seguimos adelante.

En los días previos a la carrera y en tren de relax nos dedicamos a recorrer la feria, hacernos masajes. Claudio Nodari me facilitó un service previo a la carrera absolutamente gratis, lo cual habla muy bien de él. Todo un profesional!

El sábado previo a la carrera recorrimos íntegramente -en camioneta- el recorrido de la carrera. Cuando vi lo que era la subida de San Marcos Sierra me quise matar. No es lo mismo que el rural bike. En fin, ya estaba ahí y no había marcha atrás, eso jamás.

Después de almorzar, nos acomodamos en los jardines del hotel para lubricar y limpiar las bicis. Así se hizo de noche, silencio, y a dormir todos temprano. Parecía que al día siguiente todo estuviésemos por rendir la última materia de una carrera universitaria.

Llegó el día de la carrera.

A las seis de la mañana del dos de mayo de 2010 estábamos todos despiertos y nerviosos. En calzas y todo lookeado como ciclista arranque mi cumpleaños número 37.

Bajamos al lobby del hotel para desayunar y, a instancias de Grace –cuando no- se entonaron las estrofas del cumpleaños feliz lo cual me llenó de alegría.

Las primeras categorías en largar lo hicieron a las 08.00 AM y aún era de noche. Hacía frio, estaba nublado y caían algunas gotas de lluvia.

Pese al panorama climático, decidí salir de remera, tenía la seguridad que una vez que entrase en calor prescindiría del abrigo. No me equivoqué y además no llevé mochila en la que podría haber guardado ropa que ya no necesitarse.

A eso de las 10 de la mañana largamos los de la Categoría Master A2. Éramos una banda de gente, una parte significativa del total de más de 4000 corredores. Hacía un frió que se hacía sentir pero en el camino al Cuchi Corral se me fue, claro loco, se te va por que tenes una subidas –no muy significativas- que hacen quemar calorías, solo algunas de las miles consumidas en los días previos en la “rotation” por los restaurantes del valle de Punilla.

La verdad

La verdad empieza cuando pasas la tranquera que anuncia la llegada al Cuchi Corral. Ahí empieza la bajada más loca. A mil, con vistas a precipicios que dan vértigo, pasando vados a más de 40 km/h, mojándote hasta las pelotas pero contento.

En algunas bajadas, gente muy lastimada que grita para que no la pisen, personas a la que se la esquiva como se puede. Por suerte la organización sabe dónde se dan generalmente los palos y hay ambulancias, bomberos y médicos.

Después de pasar el famoso vado del Rio Pinto, viene un recorrido súper divertido, rápido, por el valle, a buena velocidad y viento a favor pero cuidando de no quemarse ya que se acercaba la famosa subida rompe gambas.

Llamó la atención la presencia de grandes arenales, que no tenían nada que envidiarle a los de la zona de Bragado - Alberti que tanto me han hecho parir.

A esa altura de la carrera descubrí que tengo una bicicleta mountain bike, que todo lo que tiene sirve para algo, componentes que cobran sentido en el medio del cachengue de la sierra y no en corridas por la Av. Del Libertador o, en el mejor de los casos, en caminos de la llanura pampeana. Ahora veo las ventajas de los frenos a disco y como ayudan en las bajadas.

Finalmente llegué a la cuesta. Me sentía súper entero. Arranqué a subir bien, en plato 2, sin matarme, a buen ritmo pasando gente, un relojito, cero dolor.

Llegué al famoso Mirador y cometí el error no agarrar frutas. Solo me detuve a lubricar la cadena, seca por la lavada en los distintos vados que atravesamos. A media carrera solo había tomado agua y consumido un par de sobres de gel. Error.

Tras superar la cuesta bajé como un duque hasta llegar al Balneario San Esteban.

Pasado el pueblo de San Esteban y con el grueso de la carrera adentro, empecé a sentir un extraño frio y un dolor de estómago. Se me empezó a nublar la vista y sentía como me desmayaba. Pensé que no me podía estar pasando a mí pero si. En un momento no di más y tuve que parar. Quise vomitar y no me salía nada. Me tiré al piso y allí me vinieron a ayudar unos flacos quienes con las maniobras típicas anti bajón de presión y un vaso de agua saborizada me reanimaron.

No quería abandonar y me prometí que como sea, caminando incluso, terminaba la carrera. Sin lugar a dudas me fallo la alimentación y una falta de descanso adecuado ya que de piernas estaba bien.

Seguí la carrera con lo que me quedaba –sin superar los 20 km/h-, medio acalambrado y con temor a una recaída.

A las 4 hs 47 m de carrera, crucé la meta y me colocaron la medalla de finisher, un gran regalo de cumpleaños.

La verdad es que estaba hecho una piltrafa al momento de llegar pero como pude me arrimé al hotel a cambiarme y disfrutar de un día de cumpleaños muy especial.

Jorge

(i) Las fotos son de la gente de Riopinto.com, servicio que prestan a los corredores a quienes les sacan fotos en el curso de la carrera y te dan un dvd con una selección.

domingo, 18 de abril de 2010

VISITANDO EL SUR CERCANO: BARRACAS, AVELLANEDA Y QUILMES

Casa construida con botellas de vidrio en la Ribera de Quilmes
Piletas en el Pejerrey Club de Quilmes. Un viaje en el tiempo a la "Belle Epoque"
Casa histórica de Santa Coloma - Bernal
Museo del Transporte - Caballerizas de Carlos Hillner Decoud
Los amigos en el restaurado viejo Puente Pueyrredon

No todo es campo y tierra en la vida del cicloviajero. Ale sugirió una salida urbana, opción acertada para los días de otoño e invierno en los que el sol se esconde tempranito y el frio se empieza a sentir.

A las 10 de la mañana nos encontramos en la Estación Constitución del FFCC Roca, el que escribe, Alepol, Omar, Sergio y Oscar para emprender una recorrida por el Sur de la Ciudad de Buenos Aires y los partidos de Avellaneda y Quilmes.

Barracas es un barrio con mucha historia y ofrece al ciclista un montón de imágenes interesantísimas, referencias de un pasado de intensa actividad, barracas y trenes.

Cruzamos a la provincia de Buenos Aires por el viejo Puente Pueyrredon –inaugurado en 1931-, recientemente restaurado e impecable. Como si fuese un túnel del tiempo, el puente nos depositó en la Av. Mitre, empedrada a esa altura, rodeada de edificios de principios del siglo XX en el que se destaca el Teatro Colonial de Avellaneda. Su interior se encuentra decorado por magníficas mayólicas y esta todo impecable. Si no fuese por el bingo que está en la misma cuadra, el entorno sería copadísimo.

Esquivando bondis y automovilistas alienados, bordeamos el Viaducto Sarandí hasta llegar a la localidad homónima. Seguimos por la Av. Mitre hasta llegar al Parque Domínico y siguiendo la línea a La Plata del FFCC Roca (ex ferrocarril “Buenos Aires a Ensenada”) visitamos la estaciones de Wilde y Don Bosco.

Los barrios cercanos a las vías son muy lindos, calles de irregular trazado, muy arboladas, otras angostitas pero todas muy tranquilas, con ese aire de barrio que se ha perdido en gran parte de la Capital Federal, al menos en mi barrio.

Si bien se anunciaba lluvia para ese sábado, el clima nos acompañó salvo un breve chaparrón entrando a Bernal.

La barranca del Rio de la Plata que habíamos visto por última vez en Barracas reapareció en Bernal y justo en el borde de la misma se asienta un lugar muy interesante: la Casa de Santa Coloma, una de las construcciones más antiguas de Quilmes, asentada en terrenos que pertenecieron al español Juan Antonio Santa Coloma y en el que construyó una enorme casa de la que hoy solo queda la galería y unas pocas habitaciones. Se dice que en 1807 pasaron por allí las tropas inglesas que luego se dirigieron a la Ciudad de Buenos Aires. El lugar ha sido declarado sitio histórico nacional.

Una cosa que pudimos ver durante el recorrido, es que funcionan varias ferias –otra modalidad de comercialización desparecida en la Ciudad de Buenos Aires- en las que se puede conseguir de todo.

Luego pasamos por el Museo Histórico Regional "Almirante Brown" en el que pudimos apreciar objetos de los aborígenes conocidos como los Kilmes o Quilmes, pertenencias de Brown y artículos de la historia institucional y artística de Quilmes.

Cruzamos las vías del tren hacia el rio Llegamos al centro histórico de Quilmes. Esta ciudad hizo un trabajo muy piola con sus plazas las que se lucen muy cuidadas y llenas de gente que las disfruta. Lo que parece no resistió el impulso de la topadora fueron las casas viejas ya que todo el centro fue avanzado por construcciones modernas y edificios levantados en el calor de la demanda inmobiliaria. Se destaca el edificio de la Municipalidad y las señas del otrora paso del tranvía.

Bajamos hasta el rio y visitamos lo que popularmente se conoce como “El Rio de Quilmes” –uno de los primeros centros balnearios del país-, su paseo costanero, y el antiguo club “El Pejerrey” fundado en 1938. Para conocer algo más de su historia –con detalles sorprendentes- se recomienda visitar el sitio del club: http://www.pejerreyclub.com.ar/historia.html

Internándonos en el barro que reina en las calles de la ridbera de Quilmes llegamos a la casa del autodenominado “obrero del arte”, Rubén Tito Adolfo Ingenieri quien levantó su casa utilizado botellas de vidrio y otros materiales de descarte. El lugar es impresionante y vale la pena visitarlo.

Volvimos al centro de Quilmes bajo la tortura de los aromas que salían de distintas parrillitas y restaurantes, encaramos la subida de la barranca con la fuerza que brindan las ganas desaforadas de comer.

Pero antes de morfar visitamos el Museo Municipal de Fotografía “Gerónima Giles y Gaete de Mayol” que cuenta con una colección muy buena de cámaras fotográficas y otros mecanismos de ese arte.

Almorzamos en la pizzería “La Piedrita” y luego pasamos por la fábrica de cerveza y llegamos al barrio La Argentina y el Parque Cervecero. Internándonos en Quilmes Oeste –en dónde pasamos por el Polideportivo Municipal y la cancha de uno de clubes decanos del fútbol argentino, el Quilmes Atlético Club- llegamos a un lugar impresionante: el Museo Histórico del Transporte Carlos Hillner Decoud. En las hermosas caballerizas se puede ver una importante colección de carruajes, monturas. Súper recomendable.

Como se hacía de noche retomamos para Capital a todo pedal. Nos detuvimos para ver un llamativa “chimenea” de ladrillos, la que resultó ser una especie de respiradero de una de las cloacas máximas que llegan al “Establecimiento Wilde” inaugurado en 1886 –actualmente explotado por AySA- en donde reciben tratamiento los líquidos cloacales de los privilegiados habitantes –no todos lamentablemente- que contamos con cloacas en el área metropolitana.

A eso de las 19 hs y tras haber recorrido casi 60 kms, llegué a Retiro dónde tomé el tren a mi barrio. El Sur me depararía otras gratas vivencias en lo que restaba del sábado pero eso escapa al objeto de este blog.

Pese a los golpes diarios que recibimos los que vivimos en la ciudad de Buenos Aires -peripecias con el transporte, ruidos, polución, anomia, etc.-, no puedo dejar de decir que cada día la quiero más, lo digo de onda, de corazón, no como un slogan de partido político.

Gracias Ale por la salida!

Jorge

Links interesantes:

Fotos: http://picasaweb.google.com/jorgelusona/CERCANOSUR2010#

Sitio del Municipio de Quilmes: http://www.quilmes.gov.ar/cultura/museos.php#historico

Datos del Establecimiento Wilde de Aysa: http://www.aysa.com.ar/index.php?id_seccion=90

lunes, 29 de marzo de 2010

DOBLE BRAGADO TERRA 2010

Diploma
Marcelo recién llegado
Después de la llegada

Otra edición de la Doble Bragado Terra organizada por el Club Ciclista Nación y en esta fuimos de la partida quien les escribe y Marcelo Haylan Miguez.

Costó levantarse el domingo 28 de marzo a las 6 AM ya que veníamos con el cansancio de la salida de los Megabikers por el Delta del Paraná hacía apenas unas pocas horas. Pero el día estaba buenísimo, estaba fresco y con la ayuda de los mates nos vimos sobre la senda de la RN 5 con destino a la ciudad de Alberti, localidad cabecera del partido homónimo y punto de largada y llegada de la competencia, una de las más importantes del calendario del rural bike de nuestro país.

En Alberti estacionamos bajo la sombra de un árbol en el parque municipal y fuimos a buscar el número. Note que la cosa estaba demorada pero bueno, todo genial. Con el número nos entregaron una bolsa con presentes y un diploma recordatorio.

Con casi una hora de atraso se largó la carrera con 470 participantes. Yo llevaba el N°186 de la categoría Master A2. Por suerte el tiempo estaba bueno y si bien pegaba el sol ni a palos teníamos el calor del año pasado.

Respecto del recorrido lo ya relatado en la anterior entrada (http://biketripargentina.blogspot.com/2009_04_01_archive.html) quizás menos manchones de arena pero el clásico arenal pasando la RP46 estaba a pleno. Una lástima que en esta edición no se haya entrado a la ciudad de Bragado (se la rodeó por un camino de tierra). Nuevamente faltó agua. Se afirmó que iba a haber puestos cada 20 km. En el primer puesto, a eso de los 20 km., cuando llegué no había más agua y el próximo puesto recién fue saliendo de Bragado. Igual no me afectó ya que administré bien el líquido que llevé en mi caramañola. Al igual que en la edición anterior y, a diferencia de otras carreras, por la dureza del camino mucha gente terminó arriba de una ambulancia o tirada al costado del camino.

Esta vez pude notar el fruto de las prácticas con los Olleros y lo aprendido en las carreras corridas a lo largo de 2009 y 2010, ya que esta vez completé la carrera en 3 hs 5 min, una hora menos que el año pasado. Si bien me pegó el bajón saliendo de Bragado cuando me perdí una rueda que venía siguiendo y vi que iba a tener viento en contra hasta Alberti, pude mantener un promedio de poco más de 24 km/h. Por suerte pasando Mechita y gracias a la onda de los vecinos y los chicos que alentaban y daban agua, me puse una pila y salí a poner lo poco que me quedaba hasta cruzar la meta.

Medalla, refrigerio y a encarar el otro desafío de la jornada: el tráfico en los accesos a Buenos Aires un domingo a la tardecita.

Jorge

Link Infobiker: http://www.infobiker.com.ar/noticias.php?idnoticia=8076

miércoles, 24 de marzo de 2010

NUEVA FECHA DEL BARADERO X 7 - IRINEO PORTELA

Después de la carrera con Marcelo y Néstor

Antes de salir, impecables

Cruzando la meta (Foto de la organización)

Chaparrón de la largada

Me cago de risa, ajeno a cualquier carrera armamentista y de competencia insana, anotándome en carreras de rural bike para pasarla muy bien y tratar de andar cada vez mejor pero sin matarme. En mi caso, no queda otra que cagarse de risa ya que no puedo aspirar a grandes metas a esta altura de mi juventud y con el tren de vida que llevo.

La buena onda que reina en las carreras de rural bike, sin perjuicio de las salidas de cicloturismo con los amigos y los Mega, y particularmente en las de los muchachos que hacen el Baradero x 7, hicieron que fuera con mis amigos Marcelo y Néstor hasta la localidad de Irineo Portela a participar de una nueva fecha del citado calendario.

Salimos de Bs. As. con el tiempo joya pero llegando a Baradero empezaron a verse nubes cargaditas. Para cuando nos anotamos en la prueba de 40 km –dos vueltas a un circuito con un tramo importante de asfalto- la inminencia de la lluvia era un hecho.

Ya formados para salir se largó un chaparrón que cubrió la tierra de agua y formó una capa de barro al toque. Y así bajo una fuerte lluvia largamos. A los 200 mts. ya había gente en el piso y si bien no me caí noté lo difícil que se me hacía pedalear ya que las cubiertas semislick y con mucha presión (60 PSI) patinaban como en el hielo.

El primer tramo del circuito fue sufrido ya que los barriales existentes antes de la lluvia se potenciaron con el chaparrón de la largada. Todos los participantes –a cinco minutos de la largada- parecían luchadores de barro (no es una comparación con las luchadoras que tanto nos gustan). Se trataba de avanzar por dónde se podía: el pasto, por las huellas. Por momentos se avanzaba bien pero al toque más barro y charcos.

Cuando llegamos al asfalto me enteré que la prueba se cortaba en la primera vuelta lo cual fue un alivio pero por otro lado me dio bronca ya que había ido tranquilo guardándome y pensando en tirar otros 20 km.

Los últimos kilómetros fueron rápidos -38/40 km/h- pese a que en la bici llevaba tres kilos de barro y la transmisión estaba cubierta de un compacto ladrillo de adobe. Crucé la meta escuchando los desaforados gritos de aliento de Marcelo.

Al toque en Irineo Portela se desató un diluvio de proporciones bíblicas. Con varios pibes nos fuimos a lavar en una ducha improvisada bajo el impresionante chorro que salía del tanque de agua de la estación de trenes (perteneciente al FFCC Belgrano).

Dentro del galpón de la vieja estación la organización armó una cantina y un espacio destinado a entrega de premios. Pese a la lluvia la onda era la mejor. Todo el mundo se cagaba de risa. Un verdadero logro de la organización.

La próxima fecha del Baradero X 7 es el 18 de abril.

Link de Baradero x 7 y fotos: http://ruralbikebaradero.blogspot.com/

lunes, 15 de marzo de 2010

FINAL CAMPEONATO LUJANENSE DE RURAL BIKE

Puntos recorridos
Guillermo antes de salir, calentando motores
Llegando a la meta (foto de Guille)

Este es un relato de la prueba final del 4to. Campeonato Lujanense de Rural Bike que se disputó el domingo 14/3 en la Ciudad de Lujan como cabecera, pasando por las localidades de Open Door, Torres, Carlos Keen, Cortinez, Olivera, San Eladio, y Jáuregui.

Tuve el placer de compartir la competencia con mis amigos Guille Pablo Koch y Néstor Ceyba. Guille venía participando de todas las fechas de la competencia y terminó con un gran resultado. Néstor, local en Lujan quien me re ayudó pasando días antes data sobre el recorrido, culminó la prueba con todo y todos contentos.

Yo me mandé a la prueba de 140 km, medio por capricho y para ver qué pasaba ya que sabía que no ganaba ni esa ni la de 90 km, así que decidí tirarme a la más larga.

Siendo las 09.30 salimos del Polideportivo de Luján, y tras parar frente a la basílica y cruzar el rio Lujan, arrancamos junto con casi 300 ciclistas para el lado de la RN 7. Ya en el camino rural -pasadas las 10 hs- empezaron a largar las distintas categorías. Yo estaba en la A2 – Recorrido Largo y éramos poco más de 10.

Como nunca había corrido una carrera de esa distancia no tuve mucha planificación. Arranqué tranqui pero a los 30 km de recorrido –tras que me pasara Guille- me enganché en un pelotón de unos seis ciclistas con los que fuimos tirando a 28/30 km/h. Así hasta pasar Carlos Keen. Tras haber pasado el pueblo el grupete se desmembró y solo seguimos cuatro de los que solo yo y otro flaco hacíamos el recorrido largo.

Para cuando llegamos a Olivera (casi 80 kms recorridos) habíamos hecho un promedio de 26 km/h. En Olivera se separaban los recorridos. Los de la carrera de 90 km giraban hacia Lujan y nosotros cruzamos la RN 5 y nos adentramos en la pampa profunda.

Para ese momento la cadena estaba sequísima. Hacía un ruido como de fierro oxidado que me partía la cabeza (la próxima llevo aceite). Las cubiertas sugeridas por Omar andaban geniales y la calza –recomendada por Nico- venía cumpliendo sobradamente las expectativas.

En cada puesto de control –donde marcaban el paso del competidor asentándolo en una planilla y marcando con una fibra el número identificador- y había agua y Powerade, frutas, dulce de membrillo y buena onda. Yo no comí nada ya que estaba con el estómago cerrado pero si fui por el líquido.

Entrando en el tramo del recorrido largo que llevaba a San Eladio notamos que el grueso de la gente hacía el recorrido de 90 km y estábamos más solos que la mierda. Eso me tiró abajo ya que venía bien pero al no ver a nadie y a eso sumarle caminos largos, sin referencias, con viento en contra muy fuerte y en el mejor de los casos cruzado, la cabeza me hizo un click y bajé el ritmo. Además los caminos de ese tramo –huellas para ser más preciso- son poco transitados por lo que estaban cubiertos de pasto en largos tramos y hasta arena.

Pasé por una estación con la clásica factura del FFCC Compañía General que luego advertí se trataba de “La Verde” y yo pensaba que era finalmente San Eladio. Me quise matar ya que estaba cansado de tanto viento. Seguí unos km más y finalmente el puesto de control de San Eladio atendido por gente copada bajo un monte de eucaliptos, en medio de la nada. En la estación de San Eladio había muchos jinetes participando de una carrera de sortija quienes me facilitaron el paso al grito de “Bicicleta!!!”.

De San Eladio a la próxima posta: NADA. Cuando divisé la RN 5 se me escapó un lagrimón y tomé la colectora –tras un click mental positivo- a 38/40 km/h pese a tener más de 130 km acumulados. Crucé la autopista y entré a Jáuregui para seguir a la misma velocidad hasta las puertas del polideportivo de Lujan.

Allí estaba Guille y fue copado llegar entero. Mi compu marcó 143 km recorridos (carrera + transición) que cubrí en un tiempo de 5:58:14.

Una muy buena experiencia compartida con amigos que espero se repita!

Jorge

Resultados finales, ranking del campeonato, Guillermo Pablo Koch en el top ten de la categoría. Los resultados acá:

http://spreadsheets.google.com/pub?key=rOQYDpR60obOwBFeTaezFWA&gid=5

Links:

Sitio carrera: http://www.ciclismolujan.com.ar/2009/torres/index.htm

Video de Guille: http://www.youtube.com/watch?v=ZsE6aSZyIB0

domingo, 28 de febrero de 2010

SALIDA DE RECONOCIMIENTO LUJAN – CARLOS KEEN – VILLA RUIZ – AZCUENAGA – CAMINO REAL. PUENTES Y PALOMARES.

Viejo Molino con "piso" intermedio que funcionaba como mirador. Azcuénaga.
Bicis sobre el puente metálico que cruza el arroyo Giles
Avanzando entre la soja (Excelente foto obtenida por Darío, gracias!)

Sin mucha planificación y sin un plan que condicione mucho la recorrida Ale Polvorines propuso visitar en plan “explorer” la ya visitada zona de Luján, pasando por las localidad de Carlos Keen y Azcuénaga del ramal del FFCC Mitre Luján – Pergamino, y Villa Ruiz del FCGU –ramal F. Lacroze San Andrés de Giles-.

El día acompañó, estuvo muy bueno y se notó que a esta altura del verano, el calor cede un poco a las temperaturas más templadas que ayudan al ciclista.

Salimos junto a Darío de la Estación Luján del FFCC Sarmiento siguiendo la irregular traza de la calle Udaondo. Ale nos contó que sobre dicha calle corría un ramal ferroviario que corría desde la precitada estación hasta la vieja –y desaparecida- estación Basílica, el que permitía que la gente que llegaba a Luján vía tren tuviese la oportunidad de acercarse a la zona de la Basícilica de Nuestra Señora de Luján.

Actualmente el lugar donde se asentaba la estación Basílica está destinado a un parque muy bien cuidado en el que se deja ver restos de material ferroviario –vías y durmientes-.

Salimos de Luján con dirección NO, cruzamos la RN 7 hasta llegar a las vía del FFCC Gral. San Martín. Allí tomamos un precario camino –superpoblado de mosquitos- que corre paralelo al terraplén de las vías que en esa parte se eleva para pasar por encima del camino de acceso a C. Keen y las vías del Mitre que llevaban trenes de Lujan a Pergamino y más allá.

En la intersección de las vías del San Martín y la ruta a C. Keen existe un edificio viejísimo –seguramente un viejo almacén- y en sus fondos un viejo palomar –cuadrado este- que engrosa el extenso catálogo de palomares que lleva nuestro amigo Alepol.

Cruzamos las vías del Mitre y tomamos otro camino de tierra hacia C. Keen. La senda se fue complicando ya que se hacía cada vez más cerrada, con altos pastos, casi intransitable. A unos dos kilómetros de Keen divisamos el otro palomar que buscaba Ale y al que solo pudimos acercarnos ya que estaba en un predio privado. Este palomar era realmente grande, de forma octogonal y en perfecto estado de conservación.

Entramos a Carlos Keen, nos abastecimos de agua, recorrido todos sus rincones, visitamos una vieja cancha de pelota paleta –siempre presente en los pueblos de la pampa- y seguimos por la tierra hasta Villa Ruiz.

En esta localidad fuimos directo al Almacén de La Nena –famosa por sus empanadas de carne- donde almorzamos, bebimos y charlamos largo y tendido.

Partimos al rato y tomamos un camino de tierra en perfecto estado que corre casi en paralelo a las desactivadas vías del Mitre hasta llegar al pueblo de Azcuénaga cuya estación fue inaugurada en 1880.

Visitamos el viejo edificio conocido como Casa Terrén -en donde funcionó un almacén de ramos generales-, el Club Recreativo Apolo, la hermosa Capilla Nuestra Señora del Rosario y el viejo molino que se encuentra en los fondos de la Cooperativa de Electrificación y Tecnificación Agropecuaria Solís y Azcuénaga Ltda. (CETASA).

Aprovechando que habíamos llegado hasta Azcuénaga nos tiramos por el llamado “Camino Real” –vieja ruta que llegaba hasta Rosario (Santa Fe) y actualmente denominada Camino Juan M. de Rosas- con sentido hacia San Antonio de Areco. Llegamos hasta un hermoso puente metálico con muchos detalles para que sean apreciados. En ese punto el camino cruza el Arroyo Giles en el que se encontraban muchos pescadores probando suerte.

Es de destacar que a lo largo de todo el recorrido advertimos que los arroyos –incluso el rio Lujan- se encontraban muy cargados de agua y todos con presencia de pescadores.

Ya de vuelta en Azcuénaga descansamos un rato en el parque lindero a la capilla y retomamos al punto de partida con una fresca brisa que nos jugaba en contra para facilitar el pedaleo pero que brindaba un alivio aéreo después de tantos kilómetros acumulados.

Entramos a Lujan bajo una hermosa luna llena, siendo las 19 hs, completando un recorrido total de 100 km y ocho horas de buena vida.

Jorge.

Link de Ale y los palomares:

http://www.alepolvorines.com.ar/Miscelaneas/Palomares.htm