domingo, 29 de mayo de 2011

UN PASEO POR TRENQUE LAUQUEN. LA ZANJA DE ALSINA.

Muestra permanente de murales de Rodolfo Campodónico
Cartel que anuncia el paso de la Zanja de Alsina sobre la Ruta Nacional 5
Típica estampa de una estación del FCO. La Zanja.
Viejo vagón, o lo que queda de él, en la Estación La Zanja
Curioso tanque de agua en una casa de Trenque Lauquen.

Tantas veces que fui a Trenque Lauquen pero nunca llevé la bicicleta. Esta vez no perdí oportunidad y tras cumlir con las obligaciones en la facultad armé todo y me fui a recorrer algunos caminos de la zona, característicos por la presencia ineludible de arena.
Es que Trenque Lauquen - voz mapuche que se traduce como Laguna Redonda-, ciudad que se encuentra en la encrucijada de las rutas nacionales 33 y 5, hasta hace unos años era tierra árida, con médanos vivos que aún se asoman en algunas partes. El cambio climático y las inusuales inundaciones del 2001 han incorporado las tierras a la "pampa húmeda".
Un pasado que se puede descubrir en esas tierras que arrancan muchísimo antes de la idea de un país llamado Argentina. Zona del Ferrocarril Oeste que llega con su vía principal para terminar en Toay - La Pampa.
Algún día voy a recorrer la ciudad con la bicicleta para obtener fotos de un montón de lugares y rincones que no tienen desperdicio. Esta vez me limité a salir en búsqueda de la llamada "Zanja de Alsina" y la estación de trenes a la que -por asentarse en la misma zona- se la bautizó como "La Zanja".
La idea de Adolfo Alsina, ministro de Guerra del Presidente Avellaneda, mandó a cavar a pala la afamada zanja, de tres metros de ancho y dos de profundidad, con un terraplén y cada tanto el asiento de fortines y mangrullos. Esa extraña cicatriz se extiende como un gran arco desde Chasicó en la Provincia de Buenos Aires hasta el norte de la provincia de La Pampa.
La zanja -no fue la única en el país- no fue de mucha utilidad pero servía para demorar el tránsito de ganado y enseres arrebatados por los malones. De poco sirvió para marcar la cancha ya que luego Roca y otros conquistadores siguieron avanzando y el uso del Remington, el alcohol y las enfermedades hicieron el resto.
Salí de Trenque Lauquen hacia el Oeste, pasé por la impresionante planta de Cargill, crucé la ruta 33 y me interné en la tierra. Por suerte había llovido y estaba asentado el terreno. Debe ser terrible cuando esta seco. Hacía mucho frío, estaba gris y el viento soplaba fuerte. Mucho bicho, cuises, mulitas, pájaros varios, teros y perdices.
Por un camino paralelo a las vías llegué a La Zanja. Importante estación en su momento ya que de allí partían desvíos a Carhue y Gonzalez Moreno. La estación esta bien conservada. No están los nomencladores y se encuentra totalmente ocupado el rectángulo de la estación.
Una linda escuela frente a la estación con una imágen de la virgen de Schoenstatt y un mangrullo levantado por los chicos que asisten al colegio. Tres de ellos estaban por ahí jugando con una única bicicleta con la que me desafiaron a una carrera que dejé me ganen.
Se hacía de noche -había arrancado a las 15,30 hs- y tomé otro camino para volver a Trenque Lauquen, muy agreste, con mucho pasto pero por lo menos no se veía tanta arena. Así llegué hasta la Escuela N°37 Adolfo Alsina -con palenque incluido- y luego a la Escuela Agraria Treinta de Agosto y luego busqué otro camino de tierra que me llevase de allí hasta la ciudad sin tocar las peligrosas rutas asfaltadas. El mapa del GPS estaba mal y no existían los caminos que señalaba. Tuve que volver por una senda que bordea la Ruta 5 y por la que parecen transitar tractores y vehículos rurales que no pueden ir a su velocidad por la mencionada ruta que a esa altura corre por encima de un terraplén.
Felizmente llegué a un camino de tierra en el que se instaló un monolito que recuerda el paso por ese lugar de la zanja de Alsina, "Frontera de la Civilización" y que hoy comparte protagonismo con un santuario del Gauchito Gil.
Me llamó la atención de la cantidad de gatos -domésticos- que vi en medio del campo. Se ve que se han desarrollado en ese medio rural. Vi al menos unos ocho durante todo el recorrido y siempre lejos de casas o construcciones rurales.
Ya era de noche cuando entré a Trenque Lauquen, pasé por La Pataca y sin escalas a Buenos Aires.
Jorge
Sitio de la Municipalidad de Trenque Lauquen: http://www.trenquelauquen.gov.ar/

jueves, 31 de marzo de 2011

MAR Y CAMPO. MAR DEL SUR - CENTINELA DEL MAR.

La sombrilla es mía. No la llevé con la bici. es de un viaje en enero con el auto.
Tras el acantilado, el mar.
La entrada a la metrópolis Centinela del Mar.
Palomar en la Estancia La Eufemia.
Mapa del recorrido. Ida y vuelta por la misma senda.

Uno cuando sale en bici a recorrer caminos rurales desea llegar -después del esfuerzo- a un lugar que, en primer lugar, tenga un almacén para comprar una pomelo. Pero si ese destino te ofrece unas playas preciosas bañadas por el océano Atlántico que te permiten tirarte al sol y tomarte ese pomelo entre gaviotas, cangrejos y haciendo dibujitos en la arena con los dedos del pie todo es mejor.

Y así fue cuando me acerqué a Mar del Sur, la alternativa tranqui para que el que visita Miramar. Dejé el auto frente a la playa, armé la bicicleta y tomé el camino de tierra que corre paralelo al mar pero alejado no menos de cinco o seis kilómetros. Andas por el campo, la pampa pero a lo lejos se ven médanos, se siente un aire marino y se sufre un viento que es del mar!

Hermoso camino que cruza distintos arroyos y que pensaba aburrido, pero no. Al toque de salir de Mar del Sur vi una arboleda, y un palomar. Qué raro pensé ya que estamos muy al sur de BsAs como para que se vean palomares. Más de cerca vi una torre de lo que parecía una gran capilla, y otros edificios. Era la estancia “La Eufemia” creada en 1891, cuya dueña fue Eufemia Otamendi. Si. De la familia que da nombre al Partido. Parece que Eufemia era monja y le dejó esas tierras al Vaticano. Entré y no vi a nadie, saqué fotos y seguí.

Viento a favor o más o menos, estancias cuyos nombres se pueden leer bajo las cucardas que les ponen a los toros en “La Rural” y así hasta una enorme “cruz” sin inscripción alguna –como el monolito de 2001 Odisea en el Espacio- que se encuentra en la encrucijada con el camino que lleva a la ruta 88 (que vincula a Necochea con Mar del Plata). Giré con destino al mar y con un súper viento a favor, a más de 40 km/h, llegué a la entrada de Centinela del Mar.

Centinela del Mar es un pintoresco caserío con una capilla, un siniestro hotel abandonado y unos improvisados puentes que cruzan unos arroyos y que te dejan en lo alto de unos acantilados y más abajo la playa y el mar. La playa copada, ofrece restos de naufragios (¿?) y cuevas para poder ponerte el traje de baño en paz.

En la playa podes hacer lo que quieras, no hay casi nadie y el que esta no jode. Entre las piedras se pueden ver cangrejos, micropeces, algas de todos los colores y otras vidas. Un paraíso. Pero había que volver.

Y la vuelta fue un garrón porque entre la calza y la piel se me juntó arena y había un viento en contra violento. Llegué a Mar del Sur con poco y nada y con ganas de abandonar el ciclismo. Antes de irme visité el edificio del viejo hotel “Boulevard Atlántico” y un súper por otra pomelo.

Fueron 90 km de pedaleo y seis días para eliminar todos los granos de arena que se me incrustaron en las partes más sensibles del cuerpo.

Jorge

jueves, 17 de marzo de 2011

OTAMENDI - MIRAMAR. EL CAMINO DEL INFIERNO.

Extraña estructura de hormigón al costado de las vías, cerca de Miramar.
Un proyecto de estación que ha quedado truco? No pude averiguar nada.

Uno de los tantos senderos que corren por el Bosque Energético.

Estación Otamendi - FCS


Estando en Mar del Plata tomé la ruta 88 y tras un corto desvío caí en la localidad de Comandante Nicanor Otamendi. Un lindo pueblo muy activo por la actividad rural. Si bien la temperatura era bastante elevada no se sentía tanto por un persistente viento que se dirigía al mar. La idea era recorrer parte del ramal ferroviario que sale de Mar del Plata y desde Otamendi corre hasta terminar en la ciudad de Miramar.

La estación de Otamendi esta bien mantenida. Se registran señales de paso de esporádicos trenes, vías que conocieron mejores tiempos.

Después de recorrer el pueblo tomé el llamado “Camino del Infierno”, pura tierra pero lindo para la MTB. Llamativo nombre que despertó mi curiosidad cuando en medio de él advertí que había sufrido un pinchazo en un lugar insólito de la rueda de mi bicicleta.

Finalmente supe que el camino debe su nombre a la Estancia El Infierno que se asienta en la zona y cuyo casco fue construido en 1873 siendo su dueño Carlos Otamendi. Aparentemente los primeros establecimientos rurales en la zona eran “atacados” por los pueblos originarios. Según pude averiguar por internet la estancia soportó once malones comandados por el cacique Yanquetruz.

Quizás los espíritus de los aborígenes me tiraron una fantasmal flecha en la cámara afectada que pese a tener un importante agujero no pude hallar pinche alguno.

El camino del Infierno me dejó en la Ruta 11 –vieja- y tras unos pocos kilómetros por asfalto me metí en el barrio balneario conocido como 2Copacabana” que tiene frondosos bosques que han convertido a lo que serán –seguramente- calles en el futuro, en entretenidos senderos. Finalmente divisé el mar y llegué bordeando a la costa a Miramar.

Me volví a meter para adentro para dar nuevamente con las vías del FFCC y así fue que llegué a la estación Miramar, cabecera del ramal. Al lado de la vieja estación ferroviaria se estaba levantando una moderna estación de ómnibus. Toda una señal de que los tiempos y el modo de viajar cambiaron.

En Miramar visité el Parque Botánico Dunícola y el Bosque energético que se puede recorrer con la bici por medio de senderos asentados sobre viejas dunas. Es muy lindo trepar con la bici hasta lo más alto del médano y desde ahí poder divisar el mar.

Volví a Otamendi por un camino que vuelve a pasar por la vieja estancia que perteneció a Carlos Otamendi y volví a pinchar. Pero como dice la canción de los Rendondos, el Infierno es embriagador y daba para volver.

Jorge

martes, 15 de febrero de 2011

DE INTERNET AL PAPEL. PUBLICACION DEL RELATO DEL VIAJE A PABLO ACOSTA EN PERIÓDICO "EL TEDINES" DE AZUL



El periódico "El Tedines" sale de la imprenta una vez al mes y se distribuye en las localidades de Azul, Pablo Acosta, Tedin Uriburu, Benito Juárez, 16 de Julio y Chillar y los establecimientos agropecuarios de la zona.
Un espacio de encuentro muy lindo en el que no solo se relatan historias y notas sobre los habitantes de los pueblos sino que cumplen el esencial rol de difusor de notas sociales y noticias de actualidad que son de interés de los que viven en esa zona tan linda de la Provincia que tuve oportunidad de visitar.
El Director y editor de la publicación, Claudio Marcos Iribe, se contactó conmigo para pedirme permiso y publicar en El Tedines el relato que hiciera -hace poco más de un año- de un viaje en bici entre Tandil y Azul pasando por Gardey, Pablo Acosta y Boca de la Sierra.
Imposible negarme, por el contrario muy emocionado por que el relato y las impresiones allí volcadas sean confrontadas por aquellos que viven -en el amplio sentido de la palabra- en esas extensiones que enamoran a todo aquel que las visita y ni hablar al ciclista.
Acá les paso copia de la nota y espero la disfruten.
Jorge
Link al sitio de internet del periódico: http://eltedines.com.ar/

martes, 25 de enero de 2011

A TODO PEDAL POR “LA FELIZ”. DESCUBRIENDO EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE MAR DEL PLATA. TERCERA PARTE.

La casa del Balcón
Edificio de la Municipalidad. Obra de Alejandro Bustillo.
La Torre de Agua. Hermosa construcción en lo más alto de la loma Stella Maris. Se trata de un impresionante tanque de agua y depósitos auxiliares.
Las torres amenazan a los típicos chalets. Son patrimonio municipal pero ...
El famoso Torreón del Monje. Antigua sede del Pigeon Club.

A TODO PEDAL POR “LA FELIZ”. DESCUBRIENDO EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE MAR DEL PLATA. SEGUNDA PARTE.

Villa Ortiz Basualdo. Hoy es el Museo Castagnino.
Entrada al cementerio de la calle Alem
La Casa del Puente o Casa del Arroyo. El predio actualmente esta cerrado. El parque bien cuidado y la casa en proceso de restauración. Es obra del Arquitecto Amancio Williams.

Hermosa foto desde la Plaza Colón
Complejo Bristol de A. Bustillo.

lunes, 24 de enero de 2011

A TODO PEDAL POR “LA FELIZ”. DESCUBRIENDO EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE MAR DEL PLATA. PRIMERA PARTE.

Simpática casita en la Loma, resistiendo entre las torres. Parece que se las quieren comer.
Emblemáticos rascacielos de Mar del Plata. A la izquierda el "Demetrio Elíades" conocido por todos como "Edificio Havanna". A la derecha se divisa el Cosmos o "Pepsi". Todos ellos, además del Palacio Edén entre otros fueron construidos por la empresa "Delco". Un sello de Mar del Plata.
Panorámica de la Plaza Colón y sus característicos colores. A la derecha sobresale el Palacio Eden.
Típica foto con el Lobo Marino!
Hermoso Chalet. Actualmente sede del Juzgado Federal N°3 de Mar del Plata.

Mar del Plata, más conocida como “La Feliz” es, como dijo mi periodista favorito, una “causa nacional” y es cierto ya que nos representa a los argentinos por esa conjunción de cosas que hacen que en determinado momento del año todo el país y sus distintos actores sociales se encuentren bajo el mismo cielo a orillas del Atlántico.

Además, Mar del Plata nos cuenta su historia por medio de los ladrillos que conforman su enorme patrimonio arquitectónico que nos relata los vaivenes del país: el balneario aristócrata del primer centenario, el boom de la construcción en los ‘60, la destrucción del patrimonio arquitectónico por parte de insaciables constructoras y la actual revalorización patrimonial y cultural.

Me propuse hacer una recorrida por los puntos más emblemáticos de la ciudad arriba de la bici. GPS en mano fui uniendo los distintos puntos previamente seleccionados lo que me insumió unas buenas horas y casi 30 km –que por la geografía de Marpla se sienten como si fuesen mucho más- por avenidas, callecitas, senderos y vías del tren.

Imponentes rascacielos, chalets pintoresquistas, las clásicas casas “marplatenses” del constructor Alula Baldassarini, hermosos paseos, iglesias y edificios públicos.

Los invito a ver las fotos y, si tienen la oportunidad, visitar la ciudad con la bici y luego clavarse una caja de Havannas –de seis unidades, obvio-, o unas medialunas de la Boston, o churros de Manolo o un sándwich de Pandy, sin culpas.

Jorge

Link con todas las fotos: http://picasaweb.google.com/jorgelusona/RECORRIDAPATRIMONIOARQUITECTONICOMDP

viernes, 14 de enero de 2011

NECOCHEA - PARAJE LAS CASCADAS

Monolito que da cuenta de la inauguración de la RP 86 que une Necochea con B. Juárez. Abajo del logo de vialidad se ve una hermosa piedra tallada que muestra una playa con un sol enorme. Levantado durante la gobernación de Fresco, gran hacedor de obras públicas en la provincia hacia los años '30.
Las cascadas desde un entretenido sendero.
Primeros saltos de agua en el rio Quequen.
Restos del viejo puente ferroviario del FFCC Roca que hacía que el tren llegase hasta Necochea.
Acá hubo un anden.

Un clásico de Necochea. Ir a visitar el Paraje Las Cascadas por el hermoso camino que bordea al río Quequén Grande.

Tantas veces lo visité de chico con la familia que me resulta familiar. Pero en bicicleta es otra cosa. Se lo vive de otra manera.

Salí de Necochea tomando como punto de partida la vieja estación ferroviaria –desactivada tras la inundación que tiró abajo el puente sobre el Quequén- y que hoy es asiento de la escuela municipal de arte. Pude encontrar el cartel nomenclador en lo que fue la punta del anden –hoy una zona llena de pastizales- al borde del barranco que mira a la orilla sur del rio.

Del puente ferroviario quedan los pilotes de ladrillo y cemento y gran parte del terraplen –lado de Necochea- es utilizado por un importante club de la Ciudad.

El camino a Las Cascadas es hermoso. A los pocos kilómetros empiezan los primeros saltos de agua. Durante el recorrido se pueden ver miles de aves –cisnes, patos, entre otros- y sentir un hermoso aroma a eucaliptus.

El Paraje Las Cascadas esta muy lindo. Hay parrillas y lugar para acampar. Han levantado un recordatorio de Ceferino Namuncurá y se puede visitar la estación de piscicultura.

Advertí que han instalado entre los saltos del rio cables y postas para los que practican kayac.

Entre ida y vuelta son poco más de 32 km que se pasan volando.

Jorge

LAS SALIDAS RURALES SON MEJORES CON FERROCARRILES. LAS SIERRAS DE BALCARCE. UN RECORRIDO ENTRE MECHONGUE – LOS PINOS – SAN AGUSTIN y LAS NUTRIAS.

Recorrido en el Google Earth. Se advierten las rutas 55 (Necochea - Balcarce - Cnel. Vidal) y la N°226 (Olavarría - Tandil - Balcarce y Mar del Plata)
Estación Mechongué. Impecable. En el edificio amarillo del fondo funciona una radio comunitaria.
Al fondo las sierras de Balcarce. Lo que me costó que la bicicleta -no tiene pie- quede parada para la foto.
Hermoso aljibe en la Estación San Agustín.
Raro cartel de la estación. En el Roca uno ve los clásicos carteles de cemento (como el de Mechongué que se ve en la foto de más arriba). El edificio -incluido el cartel- son patrimonio histórico, arquitectónico y cultural de Balcarce.

Aprovechando mi estadía en la costa me fui hacia la localidad de Mechongué –a 70 km de Mar del Plata- con la finalidad de recorrer las zonas que lindan a las sierras de Tandilia en el Partido de Balcarce. Pueblos que tienen sus respectivas estaciones ferroviarias con el distintivo “toque” del Roca.

La zona es hermosa. Esa transición entre sierra y llanura, en una época del año muy linda con los cultivos a pleno y un clima ideal para pedalear.

Dejé el auto en la impecable estación de Mechongué que se asienta en el inactivo ramal que une San Ignacio con Otamendi y Mar del Plata. En uno de los edificios anexos de la estación funciona una radio comunitaria cuya normal transmisión interrumpí sin querer al preguntarle al conductor del programa si podía dejar el auto ahí cerquita.

Tomé el camino de tierra hacia el NE, hacia las sierras, por lo que la primera parte de la salida fue un tanto dura por la escalada y el viento en contra. Los paisajes lindos, plantaciones, alguna invadida por un chancho intruso que se cobraba sus propias retenciones comiéndose las plantas de soja, algún almacén abandonado, muchos pájaros y lagunas formadas entre las extensas lomadas. A medida que avanzaba se iban viendo afloramientos de roca, crucé el arroyo Vigilancia y me interné en el partido de Balcarce.

De golpe me persiguen unos perros, un cruce de caminos y aparece al costado del camino una escuelita y de ella sale un nene que acostumbrado a los que paran allí para preguntar por algún campo empezó a indicarme a dónde me llevaban las distintas sendas. Le dije que iba a Los Pinos para darle el gusto y no se a dónde me señaló. Saludé a la mamá –la maestra- y seguí mi camino.

Seguía subiendo y por momentos se hacía sufrido el trayecto. A algún lado me tenía que llevar esa pendiente y fue a un lugar perfecto. Superado el tope, tras una curva se me presentó un paisaje ESPECTACULAR –con mayúsculas-, una vista a las sierras de Balcarce y los campos que las rodean, una vista que permitía ver más allá de lo que me señalaba el GPS.

Por si la alegría no fuera suficiente a partir de allí fue una bestial bajada por casi cinco kilómetros en las que no hacía falta pedalear para alcanzar los 40 km/h.

Llegué a Los Pino a la hora de la siesta. El pueblo es precioso y está lleno de “pinos”. Se nota que hubo gran actividad por las canteras de piedra que explotaban la roca de la sierra “Los Pinos” y por la producción de ajo –hoy desaparecida-. En la estación hay una estructura –hoy inutilizable- que sirvió para traspasar la piedra a las formaciones de carga y rodeando el pueblo pude divisar los restos de un desvío ferroviario que entraba hasta la misma cantera.

La estación está muy linda y el ramal esta activo –se trata de la vía del Roca que une Balcarce con Lobería- con señales del paso reciente de trenes cargueros. A la sombra del alero de la estación me tomé un agua con una barra de cereal. Luego visité la plaza que esta impecable con miles de plantas y todas llenas de flores. La sierra muestra evidentes señales de depredación ya que estuvo siendo literalmente “comida” por las actividades mineras.

Partí hacia el siguiente destino: San Agustín, pueblo que se asienta sobre el mismo ramal que el de Los Pinos. Hay que desviarse ya que no hay camino paralelo a las vías. Fue un toque ya que el ripio estaba parejito y con viento a favor lo hice a un promedio de 32 km/h.

San Agustín es un pueblo hermoso. La estación es preciosa. Tiene un aljibe y un extraño cartel nomenclador que identifica a la estación, distinto a los típicos del Roca, más viejo, de loza con letras blancas y fondo azul profundo. Como todo pueblo se nota que tuvo un pasado más activo. De eso hablan las dos canchas de pelota abandonadas y varios edificios viejísimos otrora comercios.

La estación parece ser asiento de una cuadrilla de vía y obras. También es un excelente lugar para almorzar. Me hice preparar un sanguche de esos en los que te cortan el fiambre sobre el pan abierto. Un placer.

A poco de salir de San Agustín sobre la vía advertí los restos de un cabin de señales en donde se encuentra el inactivo Empalme Kilo 485 (es decir 485 km de estación Constitución), de donde sale la vía de la que hablé antes y que pasa por Mechongué.

Ya en San Agustín se terminan las ondulaciones y se entra en la llanura. Un hermoso camino que corre paralelo a la ruta asfaltada que une la ruta 88 con la 55, me dejó en Mechongué cuando ya caía la tarde.

Fueron 82 km en total, una de las mejores salidas que hice, en las que tuve sierras, llanura, piedra y barro, ferrocarriles activos e inactivos, pueblos, un clima precioso, viento a favor y en contra, subidas y bajadas , y hasta una refrescante e inesperada ducha provocada por el riego artificial. Qué más se puede pedir para una salida rural. Ojalá todos puedan correrse hasta ese hermoso rincón de la provincia y visitarlo!

Jorge

PD: Al volver en el auto a Buenos Aires desde Necochea y habiendo tomado la Ruta 55 que me lleva a la Autovía 2 pasé por Las Nutrias. Paraje del que solo queda la estación –a la que se llega por un camino lleno de pasto- y los restos de una imponente cancha de paleta!!! Uno ve el entorno, el hermoso edificio de la estación y esa mole de cemento para que hoy nadie juegue y se queda pensando en qué pasó para que hoy este todo abandonado pese a que se trata de una zona tan rica. A las fotos me remito.

Link con más fotos:

http://picasaweb.google.com/jorgelusona/MECHONGUELOSPINOSSANAGUSTINLASNUTRIAS

LA SEQUÍA AFECTA AL CICLISTA. TERRIBLE POLVAREDA EN LA VUELTA POR SIERRA DE LOS PADRES (MDQ) Y VILLA LAGUNA LA BRAVA (BALCARCE)

Imagen de Google Earth en la que se aprecia MDQ, el océano y el recorrido en la bici
Imagen panorámica de la Laguna La Brava desde el club de pescadores.
Hermoso camino cortando la sierra. Pasa por la Estancia La Brava (Pdo. de Balcarce).
La sierra y a sus pies trigo, girasol y cardo. Todo se puede comer menos la sierra.
A medio camino restos de una vieja casa en medio de la nada. Me han dicho que allí había una vertiente de agua mineral que motivo la construcción de la casa hoy en ruinas. No se el resto de la historia y su veracidad.

Aprovechando mi estadía en Mar del Plata me fui a la Sierra de los Padres, hermoso lugar que la gente que está en La Feliz visita en masa cuando los días están feos. Pero hoy tiene vida propia y está muy lindo para poner a prueba la MTB.

Me propuse tomar caminos de tierra hasta llegar al pueblo de Villa Laguna La Brava, en el Partido de Balcarce.

Salí de Sierra de los Padres antes del mediodía –lo que fue un error por el calor- y tome hacia el Este rodeando hermosos paisajes serranos que tan lindo combinan con los campos sembrados de trigo y girasol. Los caminos como los de Tandil –subidas y bajadas- con algunas pendientes bastante pronunciadas para lo que son los hábitos de los que vivimos en Buenos Aires.

A poco de andar advertí que la cosa no iba a ser fácil. Uno por suerte pedalea en zonas en las que no vive y no conoce la situación que reina en el ambiente. En la zona persiste una severa sequia que hizo que los caminos –que están trazados sobre piedra caliza propia de las sierras- estén cubiertos por un colchón de “talco” muy denso y que hacía que no solo se dificulten las trepadas sino las subidas. Algunos tramos eran realmente intransitables. Más allá de eso, hermosos caminos. Algunos parecían túneles por la tupida vegetación y cada tanto un pintoresco arroyito.

Atravesando la estancia La Brava –con 45 km a cuestas- ya estaba medio quemado. Al toque divisé la Laguna La Brava, hermoso espejo de agua al que no se podía acceder desde ahí y por tal motivo tuve que rodearla por caminos de tierra –polvo- hasta llegar a la ruta 226 –autopista que une Tandil con MDQ- y de ahí al toque en la Villa.

Es una hermosa laguna rodeada de sierras, con un aire de los lagos del sur. La encargada del club de pesca me dejó pasar y pude reponer energías y mejorar mi estado que a ese momento era deplorable por culpa de la dureza del camino.

Salí de la Villa y tome la mano aun no habilitada de la autovía con un fuerte viento en contra que vino a reemplazar al polvo n la finalidad de hacer sacrificado al paseo.

Pasé la estación del peaje –sin pagar- y sorteando sendos controles de la Policía y la Gendarmería y ahí me cayó la ficha acerca de un extraño incidente que había vivido una hora y media atrás. En medio de un solitario camino que desemboca a la RN 206 se detuvo un auto que venía en sentido contrario. Arriba de él iban tres pibes con unas caripelas siniestras. Al toque pensé que me la iban a dar ya que las preguntas que hacia el conductor tenían un tono raro y manteniendo la mirada esquiva. Quería saber si ese camino lo llevaba a algún lado y luego dijo que tenía que ir a buscar a una señora. Quizás sea mi imaginación pero esos pibes querían zafar de los controles que no pasaban ni a ganchos. Lo cierto es que los caminos rurales ofrecen alternativas a las rutas principales y garantizan impunidad. Basta con ver los autos quemados que vemos en las salidas, los lugares donde aparecen cadáveres producto de crímenes mafiosos o fuera del delito, los vehículos detenidos con dos ocupantes en los que solo se ve una cabecita tras la luneta trasera.

Llegué al Barrio Colinas Verdes y me salí de la ruta ya que me genera pánico poder ser atropellado por un auto. Tomé un camino de tierra que arranca donde se asienta la embotelladora de agua mineral que se llama como la localidad: Sierra de los Padres.

En ese tramo ya se empiezan a divisar quintas de kiwi y otras verduras que del Gran Mar del Plata un importante mercado frutihortícola.

Cuando llegué a Sierra con ganas de tirar todo por el cansancio descubro que tenía un último desafío: cambiar la goma delantera del auto que estaba pinchada. Ultimo esfuerzo –después de 75 km de duro pedaleo- pero feliz por poder hacerlo!

La cuestión es que si te gusta el MTB y estas en la costa, a pocos minutos tenéis hermosas sierras y caminos que dan que hablar.

Jorge

Link con más fotos:

http://picasaweb.google.com/jorgelusona/SIERRADELOSPADRESLABRAVA012011


SALIDA NOCTURNA CON LOS AGUILAS DEL SUR. UNIENDO ALEJANDRO KORN – BUCHANAN – BRANDSEN Y DOMSELAAR.

Cruzando -como se podía- profundas zanjas
Estación Buchanan. Allí cenamos y pasamos excelentes momentos.
Ojo con la momia!

Me encantan las perspectivas que ofrecen las vías. Cerca de la ruta 6, a punto de amanecer sobre las vías del FFCC Roca.

Los chicos del grupo Aguilas del Sur me invitaron a una salida que resultó ser muy especial –más allá de que se hizo el 25/12, día de Navidad- ya que nunca había vivido una experiencia tan emocionante como la de pedalear de noche a la luz de la luna, en medio del campo, todo por caminos rurales, senderos y terraplenes de vías férreas.

Es toda una experiencia, con mucha adrenalina y donde hay que darle mucha bola a uno de los cinco sentidos: el oído. Sentir las voces y estar atento a las indicaciones de los compañeros y los sonidos del ambiente es algo fundamental para llegar sano y contento a destino.

Es fundamental que se hagan estas salidas con un grupo humano tan copado como el de Las Aguilas ya que hay que acompañarse en todo momento y darse una mano entre todos anunciando pozos, obstáculos y hasta la presencia de víboras!

En fin, tomamos el tren en Constitución y llegamos a Alejandro Korn pasadas las 21,00 hs. Media hora después dejamos una ciudad recontra calurosa y ni bien entramos al campo fue como ingresar a una cámara frigorífica. Un cambio de temperatura súper brusco, lo que nos da una idea de que vivimos en una ciudad con el ambiente completamente alterado -para mal-.

Primer sobresalto de la noche: ni bien entramos a la tierra apareció una culebra que se salvó de que la pise y que Aldo –muy conocedor de los reptiles- agarró gustoso. El resto de la noche se sintieron ladridos, los cri cri de miles de bichos y el croar de miles de sapos. También vimos lechuzas en acción, y algo que ya no se ve por Buenos Aires y alrededores: luminosas luciérnagas.

Subimos al terraplen de la trocha angosta (ex FFCC Cia. Gral) que iba a la ciudad de La Plata y fue toda una aventura ya que cada tanto teníamos que superar alcantarillas en las que las vías no tenían soporte ni durmientes. Otras veces tuvimos que bajar de la vía para ir por el costado ya que la traza resultaba intransitable para las bicis y menos de noche.

Llegando a la solitaria y hermosa estación de Buchanan los chicos me llevaron a ver un extraño y enorme aljibe que en medio de la noche, lejos de todo, traía recuerdos de todo tipo de películas de terror asociadas a pozos y ahogamientos.

En el anden de Buchanan compartimos una improvisada cena con las viandas que llevamos y realmente fue un momento excelente para compartir con los amigos, charlando e intercambiando anécdotas sin perjuicio de alguna joda aprovechando el libreto que ofrece la noche y tan solitario paraje.

Pasada la medianoche tomamos la ruta 53 –ripio- hasta Brandsen. A las 03.00 AM no había gente en las calles de Bransden salvo los chicos que en esta época del año no tienen nada que hacer y vagan por el pueblo al pedo total (qué lindo cuando hacía eso!!!).

En Brandsen paramos en el único kiosko abierto –frente a la plaza- y medio me pintó el sueño y sufrí un poco el frío (no había llevado abrigo ya que en Buenos Aires había hecho mucho calor).

Tomamos el camino paralelo a la vía del FFCC Roca y llegamos a Domselaar. Con las primeras señales del nuevo día en el horizonte y alternando entre las vías y un improvisado sendero lleno de pisadas de vaca llegamos pedaleando a Alejandro Korn a eso de las 06,00 AM para tomar el primer tren de la mañana.

La imagen del tren a la vuelta –todos desparramados en el furgón dormitando- me hizo acordar a alguna escena de The Warriors cuando la bando volvía al barrio después de una noche agitada.

Fueron poco más de 90 km sumando la salida y los tramos que van de mi casa a la estación Constitución.

La primera vez que pedaleaba de noche por el campo. Fue una vivencia única y con gente de primera. Gracias Aldo, Carlos y Juan Franco!

Jorge

Link con las fotos:

http://picasaweb.google.com/jorgelusona/SALIDANOCTURNACONLASAGUILASDELSURPORALEJANDROKORNBUCHANANBRANDSEN