domingo, 31 de enero de 2010

TANDIL - GARDEY - PABLO ACOSTA - SIERRAS DE AZUL

Cruzando el vado del Arroyo de Los Huesos
Estación Gardey
Monasterio Trapense
Entrada a Estancia Santa Teresa - Tandil
Viejo dique de la fábrica de pólvora y explosivos

Salida de Tandil.

Con pocos días de vacaciones decidí desplazarme para algún lugar cerca de la Ciudad de Buenos Aires. Pensé en Entre Ríos, Uruguay pero terminé inclinándome por las sierras bonaerenses, puntualmente las del sistema de Tandilia, el resabio de las montañas más viejas del mundo.

El denominado sistema de Tandilia –que cruza la provincia desde Mar del Plata a Olavarría- no se limita a la ciudad de Tandil y alrededores. Ofrece un montón de paisajes, pueblos, caminos y rincones dignos de visitarlos y si es con la bici, mejor.

Mil historias se cruzan por los caminos recorridos –viejos pueblos, misteriosas minas y fábricas de explosivos, un monasterio, chatarra convertida en arte en el medio de la nada-, cuentos que empatan en número con los accidentes naturales y artificiales que ofrece la zona: caminos rurales, subidas importantes, bajadas muy divertidas, polvo a morir (producto de la piedra caliza que aflora en lo alto de los cerros), vados y canteras.

El primer día lo dediqué a Tandil y alrededores. Linda ciudad, caminos y senderos muy copados pero la onda era salir más allá de los límites de la Ciudad, siguiendo la línea de las sierras hacia la ciudad de Azul.

Los pueblos de Gardey y Pablo Acosta.

En la mañana del martes 19 de enero llovía en Tandil por lo que dudé en salir pero un llamado a Azul en el que se me anunció que por allá estaba despejado me empujó a correr el riesgo y partir. Como la idea era pasar un par de días afuera, no llevé más que unos pocos efectos personales y repuestos en una mochila que no jode para pedalear, nada de alforjas.

Como Tandil es una ciudad enorme, hasta que salís al campo pasas por sinuosos caminos y barrios. Claro que la salida conlleva un esfuerzo para superar las distintas subidas, ello así toda vez que Tandil se encuentra rodeada de sierras.

A media hora de la partida llegué al barrio que se conoce como Cerro Leones. Del cerro casi no quedan rastros ya que la actividad minera se lo está comiendo crudo. Al ritmo de explotación y mientras queramos bonitas mesadas de granito en nuestras cocinas, el cerro desaparecerá en pocos años más. En la escuela del barrio, un edificio muy lindo, se leen pintadas denunciando la depredación incesante de lo que queda del cerro.

La actividad minera en la zona es muy importante. Carteles que advierten del peligro de circular en áreas de extracción, camiones llenos de piedra y caminos con un polvo muy fino -como un talco- que te hace perder el equilibrio, dan cuenta de ello.

Todo el camino hasta las sierras de Azul es muy entretenido, con permanentes subidas –algunas largas para sudar a lo loco- y bajadas en las que se lucen la horquilla y los frenos a disco. Pero el mayor entretenimiento se lo llevan los ojos con esos campos multicolores llenos de girasoles, el yuyo (soja), pasturas y afloramientos de piedra que se parecen a Stonehedge, el monumento megalítico de Inglaterra.

Habiendo recorrido poco más de 25 km llegué al pueblo de Gardey, hermoso pueblo que creció con la estación inaugurada en 1885. Muy cuidado, rodeado de cerros y con edificios muy lindos. Disfruté de una grata charla con Walter, el carnicero del pueblo y vecinos, y me tomé una gaseosa en la plaza que tiene una pileta para que usen los chicos de la zona.

Salí del pueblo con destino a mi próxima parada: Pablo Acosta en el Partido de Azul. Crucé un puente que pasa sobre el arroyo Chapaleufú Chico y tomé unos caminos muy pintorescos y agrestes. Por momento llenos de piedra, polvo en parte y tierra en las zonas más bajas. Siguiendo distintas sendas hacia el oeste, acercándome a la traza de la ruta provincial N°80 (ripio) llegué al acceso de una de las estancias más importantes de la provincia: “Acelain”. La propiedad del campo (tiene pista de aterrizaje, un castillo impresionante, laguna, montes, y cientos de hectáreas) se la atribuyeron a varios políticos del país, el que más suena es Duhalde, pero también se la atribuyeron a “Méndez”. Lo cierto es que es de la misma familia de siempre.

Después del acceso a la estancia como que el camino se cortaba y solo seguía una huella. Hacía un calor terrible y no me quedaba mucha agua y sería un garrón tener que volver atrás si es que esa huella se cortaba en medio de un campo y no me dejaba en la ya mencionada Ruta N°80. Me tiré el lance y fue genial. La huella se cerraba cada vez más lo que provocaba picantes roces con los cardos y encuentros con charcos bien barrosos. Fueron 5 km muy copados que me dejaron donde esperaba.

Siguiendo esta vez por la RP 80 llegué al arroyo De los Huesos, el que se atraviesa por una vado bien largo, de unos 20 metros y con una profundidad de poco más de medio metro. Aproveché para bañarme en el arroyo, el que crucé tras sacarme las zapatillas y medias.

A diez minutos del vado y tras pasar por una vieja estancia, llegué al pueblo de Pablo Acosta (Pdo. de Azul), poblado con una sola esquina, una embotelladora de agua mineral y los restos de una estación que se fue destruyendo poco a poco. En el lugar fui atendido por el dueño del restaurante que funciona los fines de semana y me clavé dos litros de Sprite de un saque. Unos chicos vinieron a ver la bici y me contaron de las bandas de jabalíes que recorren la zona, precedidos por “padrillos” casi mitológicos.

A partir de Pablo Acosta la RP 80 corre sobre una cinta asfáltica. Todo bien, cero tránsito, pero hay que empezar a trepar la sierra. Los paisajes son muy pero muy lindos.

Pablo Acosta era un señor dueño de muchas hectáreas por la zona. Su estancia fue bautizada “Los Ángeles” y tiene un casco espectacular que se divisa desde la ruta. Hace ya muchos años donó tierras a los monjes trapenses, quienes siguen la Regla de San Benito, quienes en 1958 levantaron una iglesia y monasterio entre medio de los cerros. Los monjes que llegaron a Azul desde Massachusetts – USA bautizaron al Monasterio con el nombre del lugar que se ubica más cerca. Por el nombre de la estancia a la que pertenecían las tierras, bautizaron al monasterio “Nuestra Señora de los Ángeles”. El monasterio se encuentra a unos 8 km de Pablo Acosta.

Siguiendo con la trepada que obligaba a pedalear a no más de 15 km/h, divisé unas figuras muy raras en medio de un predio al costado de la ruta. Era un grupo de esculturas del conocido artista Carlos Regazzoni quien trabaja con chatarra y que anduvo haciendo de las suyas por Azul. Lo que se ve al costado del camino es una obra inconclusa que se llama “El Malón”, quedó a medio hacer pero pese a todo la municipalidad se encuentra acondicionando el lugar para recibir a visitantes.

Unos km más adelante otra sorpresa: los restos de una vieja mina y un dique inconcluso que remiten a las construcciones del proyecto Dharma de la serie Lost. Se trata de instalaciones pertenecientes a FANAZUL -Fabrica Nacional de pólvoras y explosivos- de Fabricaciones Militares. La misma se ubica en terrenos que fueron asiento del arsenal de la Armada (si, la Armada a casi 200 km del océano). Fabrican explosivos con fines militares y productos para la minería. Dos veces por semana hacen pruebas y tiembla toda la zona. Lamentablemente no se puede ingresar a las instalaciones.

A pocos km llegué al Refugio Boca de las Sierras, un predio hermoso, atendido muy pero muy bien por sus dueños Sergio y Gustavo, y destino de muchos cicloturistas a lo largo del año. El refugio –que se asienta dentro del predio de FANAZUL- consta de amplios dormitorios y un copado salón comedor en construcciones del viejo obrador del dique antes señalado. También tiene amplias zonas para acampar y un arroyo que lo atraviesa de lado a lado. Me trataron súper bien, me dieron de comer, tomé un buen vino, generosos desayunos, pero por sobre todo el trato y la data que me pasaron fueron insuperables. Y todo a un precio recontra accesible, un verdadero regalo.

A la tardecita, tras haber recorrido poco más de 90 km desde Tandil, me puse a leer bajo un árbol y tras unas empanadas con vino me fui a dormir.

Recorriendo la zona.

Al día siguiente me propuse recorrer la zona. Desayuné, pasé por el viejo dique y me metí en el monasterio. Allí fui atendido por uno de los monjes, nacido en USA, con quien charlamos largo y tendido. Compré alfajores y recuerdos en una tiendita que tienen y me invitaron a participar de la “Sexta”, la oración del mediodía, la que se anuncia puntualmente a las 12.00 hs mediante campanadas que convocan a los monjes que están trabajando por los alrededores.

La iglesia, al igual que el resto de las edificaciones, más allá de la majestuosidad del paisaje y entorno, son muy austeras. Todo el monasterio tiene una paz impresionante. Tras los cantos me retiré hasta un pinar cercano en donde me puse a leer y me dormí una disimulada siesta para no faltar el respeto al lugar y quienes lo hacen.

Saliendo de la RP 80 hay caminos de ripio muy piolas para la bici, en los que se corre una carrera que todos los años sale del refugio.

Tras una copada merienda servida por los chicos del refugio y posterior cena -muy buena y abundante- me dispuse a dormir en la paz total que me brindaron las oraciones del monasterio y el triunfo de River sobre Boca.

Vuelta a Tandil.

A la mañana, bien temprano, tras desayunar y despedirme de los amigos del Refugio partí para Gardey pero variando los caminos. Todo el trayecto fue con un viento a favor muy poderoso. Tal es así que no paré en 60 km de recorrido, iba solo.

Me detuve en Gardey para reabastecer agua y tomé una variante para entrar a Tandil circulando en paralelo a las vías del FFCC Roca –ramal que sale de Gardey y llega al Pdo. de Necochea-.

Crucé el arroyo Chapaleoufu Grande por un puente metálico adoquinado muy pintoresco. En el trayecto pasé por el acceso a una estancia llamada Santa Teresa, el cerro de la Virgen, subidas varias y de vuelta a Tandil entrado a 45 km/h.

Con la recorrida por Tandil fueron casi 250 km que espero repetir.

Azul.

Tras guardar la bici en el auto tomé la RN 226 y me fui a la ciudad de Azul, ciudad cervantina de América Latina. La designación, se debió a que la ciudad cuenta con una colección de ejemplares del Quijote en la biblioteca popular Bartolomé J. Ronco. El ya citado Regazzoni hizo el Grupo Escultórico “El Quijote” compuesto por un gran Quijote acompañado por Sancho con su burro, Dulcinea y el perro.

También se puede visitar el Paseo Bolivar con sus hermosas casas, el teatro Español y las obras de Francisco Salamone: la Plaza San Martín, el impresionante portal del cementerio, el matadero municipal y el acceso al parque municipal Domingo Faustino Sarmiento. El parque es un espectáculo, y ni hablar de la costanera del arroyo azul.

A la tardecita visité la estación ferroviaria en la que funciona una escuela de platería. Ya cerrando la jornada cené en un lugar espectacular, único, llamado La Fonda.

Azul da para volver y quedarse un par de días, impresionante ciudad.

Jorge

Links interesantes:

Monasterio Trapense: http://www.trapenses.com.ar/

Fábrica de explosivos: http://www.fanazul.com.ar/fanazul2007/centro.html y http://www.fmazul.fab-militares.gov.ar/

Refugio Boca de Sierra: http://www.refugiodelasierra.com.ar/

Turismo en Azul: http://www.azulesturismo.com.ar/ y http://www.turismoenazul.com.ar/

Regazzoni: http://www.regazzoniarts.com/

Salamone: http://www.salamoneba.com.ar/ y http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Salamone

viernes, 22 de enero de 2010

UNA “AVENTURA” POR MERCEDES, ESPORA Y FRANLIN

Carrera con el ternero
Método "Espora" para obtener señal

Siesta en Espora

Fin de jornada

Zorra de los amigos del Belgrano (Trocha Angosta)

El sábado 10 de enero salimos con Marcelo y Nico a poner a prueba las horquillas de nuestras bicis por la inacabable zona de Mercedes.
Fue una vuelta de poco más de 75 kms en la que no solo se destacaron los paisajes, caminos y esfuerzo físico frente al calor de enero, sino las experiencias humanas, pequeñas historias que van a quedar siempre en el recuerdo y que hacen que una salida sea realmente única e irrepetible.
Hace poco leí en una vieja revista Selecciones las siguientes palabras: “¿Qué es una aventura? No es por fuerza, una escalofriante escapada de una muerte que parecía inevitable, ni el horror de un asalto a medianoche en una calle desierta y tenebrosa. Hay aventuras de otro género que nadie cita.” Agrega a modo de ejemplo: “Ved al vendedor de diarios que corre desolado en pos del caballero que le ha dado, por error, unos centavos de más; (…) experimenta la paz y la fruición deleitosa de las horas pasadas junto al fuego, con amigos, mientras afuera sopla el viento y hace frio; (…) mira un perro que renguea y te tira una mirada de forma suplicante; recuerda la sorpresa y la grata impresión que te deparó una presentación casual en plena calle. Estos y otros mil sucesos igualmente pequeños son aventuras. Quienes abran su corazón al encanto que ellos guardan, conservarán hasta la muerte, en alma y cuerpo, el eco y el perfume de su delicada emoción.” El texto pertenece a G. Chesterton y bien vienen a cuento para rememorar algunos momentos, que por su simpleza y gracia, se destacan en esta salida bien “aventurera”.
Saliendo de Mercedes agarramos de una las vías de trocha angosta del FFCC Belgrano con sentido al norte, mientras superábamos algunos guardaganados y reparábamos la única pinchadura del día pasó rauda una zorrita de los amigos de la trocha angosta hacia el lado de Tomas Jofre. Luego atravesamos pedaleando sobre los durmientes el puente sobre el río Luján. A partir de ahí todo fue genial ya que la traza permite circular sobre las vías a buen ritmo esquivando circunstanciales alcantarillas y metiéndonos en “túneles” vegetales cerradísimos.
Así llegamos, previo paso por la parada La Valerosa, a la estación Espora e inmediatamente vimos que en la Escuela N°13 distante a unos 500 mts de las instalaciones ferroviarias había mucho movimiento. Se celebraba una fiesta para obtener fondos para la cooperadora. Había venta de carne, comidas, bebidas y se proyectaba baile y corridas de sortija. Nos apuntamos y compramos un kilo de vacío genial que comimos con improvisados sánguches. Más tarde volvimos por más carne y empanadas. En Espora nos refrescamos con agua que surgía fresca y milagrosamente de una vieja bomba manual.
Lamentablemente el tiempo desmejoró, se largo a llover y la fiesta en beneficio del colegio se levantó. El traspié climático nos empujó a una siesta y al rato partimos siguiendo, esta vez por camino de tierra, hacia la estación Tuyuti. Antes de llegar desviamos al Sur ya que las precipitaciones habían complicado el estado del camino generando barro bien patinoso.
Me tocó caer a mí y por efecto dominó cayó Marcelo que venía atrás. Los mosquitos no permitieron quedarse sacándose el barro y seguimos. Al rato se nos acopló en el pelotón un ternero que en vez de correrse al costado del camino, empezó a correr junto a nosotros en una estampida desesperada. Descubrí que un bicho de su tipo corre a más de 30 km/h.
Las nubes se disiparon y con un calor infernal llegamos a la estación Franklin del Ferrocarril San Martín. Unos chicos nos indicaron un lugar dónde poder tomar algo. Se trataba de un pretendido bar que funciona en un viejo edificio ferroviario hoy a cargo de una hija de ferroviario. El boliche contaba con lo justo: dos mesas, mazos de cartas, unas bebidas explosivas y cocacola. Optamos por la coca la que nos fue servida en una mesa que nos armaron afuera a la sombra de un árbol y se nos acopló el nieto de la dueña, de apenas 7 años, a charlar como uno más. Antes de irnos nos dieron agua con hielo. La gente del lugar muy generosa. Los precios súper populares.
Partimos y tuvimos con Marcelo el honor de presenciar la más graciosa e impresionante caída de la historia del cicloturismo: Nico cayó en una profunda zanja llena de agua que no vio dando pasos atrás hasta obtener un buen ángulo para sacarnos una foto.
Ya encarando para Mercedes, pasamos por el paraje San Jacinto y entramos a Mercedes por una cómoda ciclovía. Ya en el pueblo con toda la mugre encima hicimos heladería, luego bar y cerramos con pizza bien entrada la noche. Toda una aventura.
Jorge

miércoles, 30 de diciembre de 2009

BAVIO – ATALAYA – MAGDALENA - ARDITI

Arditi
Estación Magdalena
Entrada sur a Atalaya
Se aprecia en el viejo mapa el ramal recorrido

Salimos con Marcelo, Ana, Jackie y Ariel desde Bavio hacia la zona de Atalaya, localidad perteneciente al Partido de Magdalena con asiento sobre la costa del Rio de la Plata.

Lo mejor de la zona ya fue resaltada en otras entradas: los caminos de conchilla que facilitan el avance con la bici incluso tras las intensas lluvias caídas antes de la salida.

En la salida visitamos todas las estaciones del ramal ferroviario que sale en el Km 82 del ramal a Pipinas del FFCC Sud (Roca) hacia la costa bonaerense: Arditi, Magdalena, Atalaya y Empalme Magdalena.

Lo mejor fueron los paisajes y los arroyos y cursos de agua bien cargados por las lluvias de las últimas semanas, las empanadas de Atalaya (Marcelo se las perdió), los helados de “Artesano” de Magdalena (donde más de un cuarto sale más barato que un cuarto). Lo peor: el trato al visitante en el balneario de Magdalena (precios abusivos en la parrilla en que comimos y cobro de entrada para ver el rio –que no pagamos por estar en bicicleta-), la mugre en la plaza de Magdalena.

Otra cosa genial es recorrer el pueblo de Arditi, detenido en el tiempo, con una paz total, el dulce de leche de Bavio y la atención, como siempre, de la familia de Marcelo.

La zona da para más por lo que espero podamos volver.

Jorge

domingo, 6 de diciembre de 2009

FOTOS SALIDA LOBOS - LAGUNA DE LOBOS - SALVADOR MARIA - ROQUE PEREZ - CARBONI

Basural en las afueras de Lobos, una lástima.

Coche motor Nohab

Bañados y tuna en flor
Foto sugerida por Marcelo. Cerca de la laguna de Lobos.

LOBOS – LAGUNA DE LOBOS - SALVADOR MARIA - ROQUE PEREZ - CARBONI

Recorrido en Google Earth. Se aprecian las lagunas y cursos de agua
Anden de la estación Carboni
Pasarela sobre el Rio Salado - Roque Pérez
Cruce del arroyo Las Garzas
Salvador María.

El sábado 28 de noviembre salimos de recorrida –el que escribe, Marcelo Adam (gestor de la salida), Ariel, Luciano y Omar Marinko- uniendo dos ciudades bonaerenses que tienen una especial particularidad: ambas acusan ser el lugar de nacimiento del General Juan Domingo Perón. Se trata, claro, de las ciudades de Lobos y Roque Pérez.
Las lluvias caídas durante el curso de la semana preanunciaban barro y bien, había barro en abundancia a lo largo de todo el recorrido.
Partimos de Lobos pedaleando sobre las vías del Ferrocarril Roca Ramal Empalme Lobos – General Alvear sorteando cargados charcos de agua barrosa pero a buen ritmo ya que la vía estaba asentada sobre durmientes en muy buen estado cubiertos de una especie de conchilla que facilitaba el avance. Tras cruzar un basural (clandestino?) en el que vive gente en condiciones infrahumanas, nos tuvimos que “tirar” al costado ya que venía descendiendo con destino a la Estación Constitución un hermoso coche motor portugués Nohab que presta el servicio entre la cabecera del Roca y la localidad de General Alvear.
Como es una zona de muchas lagunas y cursos de agua, a lo largo del recorrido sobre la vía tuvimos que desensillar para atravesar alcantarillas y el puente sobre el arroyo Las Garzas (el cual me costó cruzarlo por una especie de temor de quebrarme una pierna si pisaba mal entre los durmientes, mis amigos mal interpretaron mi temor como si sufriese de vértigo o miedo a ahogarme, pero no, solo era mi viejo miedo a partirme una gamba).
Finalmente llegamos a la laguna de Lobos y recorrimos lo que se conoce como Villa Loguercio, urbanización que nació en la década del 40 tras la creación del Club de Pesca Lobos. Nos abastecimos de agua y siguiendo por la Ruta Provincial 30 –de tierra- llegamos a la localidad de Salvador María.
Según el sitio oficial de Lobos, esa localidad nace con el ferrocarril ya que el 25/10/1883 se dispone que la primera Estación del ramal Lobos - Saladillo lleve la denominación de Salvador María, en memoria del Doctor Salvador María del Carril, Gobernador de San Juan, Ministro de Rivadavia y Vicepresidente de la República durante el Gobierno de Urquiza, antiguo propietario de esas tierras. Recién en 1926 se realiza el primer trazado urbano cerca de la estación que hasta ese momento solo servía de base para la Estancia La Porteña. En 1935 se proyecta la ampliación del trazado del Pueblo hasta su actual conformación.
Saliendo de Salvador María sorteando mucho barro dimos con un caserío sin identificación alguna con una casa –aparentemente deshabitada- que guardaba en su jardín los restos de un viejo tranvía que en uno de sus flancos se dejaba leer “Transporte Buenos Aires”. Investigando pude verificar que se trató de uno de los últimos tranvías en circular por nuestra ciudad.
En 1939 se creó la "Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires" (C.T.C.B.A.), empresa conformada por capitales privados y de la municipalidad, que por distintos motivos entró en liquidación hacia 1948. A partir de 1950 la empresa fue estatizada, rebautizándosela como "Transportes de Buenos Aires". Aparentemente este pequeño tranvía que se está degradando perdido en el medio de la pampa fue parte de una serie fabricado en el período 1956/61. ¿Cómo terminó en el medio del campo al lado de una casa? No lo sé. Quizás el dueño de la casa lo compró en un arrebato de nostalgia cuando finalmente desapareció este medio de transporte en la década del 60 del siglo pasado.
Tras pasar por una larga pasarela que atraviesa el Río Salado llegamos a la ciudad de Roque Pérez. Recorrimos la ciudad, visitamos la supuesta casa natal del General –estaba cerrada- y almorzamos muy bien en la Parrilla La Familia.
Tomamos el acceso a Roque Pérez circulando por una pintoresca senda hasta llegar a la 205. Avanzamos por la banquina –a unos 30 km/h- unos 7 kilómetros y viramos a la izquierda hacia el pueblo de Carboni.
El camino de tierra que tomamos estaba muy accidentado por el barro. Pasamos por la Estancia “La Concepción” (entre los árboles divisamos impresionantes jardines y el casco de la estancia) y finalmente llegamos a las vías del Ferrocarril Roca –ramal a Bolivar- y por un camino paralelo a los rieles entramos al pueblo de Antonio Carboni creado en 1896. El señor Antonio Carboni, hacendado de la zona, donó los terrenos para habilitar la Estación por lo que la misma lleva su nombre.
La estación se encuentra abandonada pero en buen estado. Ideal para que a alguien se le ocurra ponerla a punto. El ramal se encuentra activo y sería bueno que la estación goce del cuidado que tienen el resto de los edificios del pueblo, tal el caso de la parroquia proyectada por el arquitecto Alejandro Bustillo (el mismo del Hotel Provincial de Mar del Plata, Hotel Llao Llao, Banco Nación casa central, entre otras obras emblemáticas de nuestro país) y donada por la “Familia Blaquier” (tienen unas cuantas hectáreas por la zona conforme plano catastral que vi en la YPF de Lobos).
Tras rodar por un camino muy marcado por el paso de camiones en medio del barro llegamos a Lobos en donde cerramos la jornada muy copada.
Fueron casi casi 100 kms y si no fuese por el barro daba para más.
Jorge

miércoles, 14 de octubre de 2009

2ª fecha Campeonato Lujanense - Torres - 12/10/2009

La puse a rezar frente a la Iglesia y por hereje se me pinchó una goma durante al carrera

Guille y Diego

El Team Olleros

En la carrera cruzando las vías del FC Urquiza. La rueda trasera esta casi en llanta por la pinchadura.

martes, 6 de octubre de 2009

CAÑUELAS - LA NORIA - URIBELARREA

Primaveral cuadro de la estación de Uribelarrea
Estancia La Figura (Uribelarrea)
Estación La Noria
Sobredosis de publicidad antes de entrar al campo, como para no te olvides

Recorrido en Google Earth

El sábado 3 de octubre, mi hermana Melina cumplía años, y apostamos por hacer una salida corta y cercana a Buenos Aires para llegar a tiempo a los festejos de sus primeros treinta años.
Fuimos con Gabriel Páez a Cañuelas, ciudad que tiene un acceso muy cómodo y ofrece lugares geniales. Estacionamos el auto en una YPF que se encuentra en el ejido del pueblo donde nos atendieron con la mejor onda y nos facilitaron el espacio totalmente gratis (término en franco peligro de extinción en nuestra ciudad de Buenos Aires).
Arrancamos y agarramos hacia el lado de las vías del FFCC Roca y tras atravesar un paso a nivel agarramos la tierra por un camino que corre casi en paralelo a la RN3 y que nos dejó en la traza de lo que es la autovía 3, a la altura de la estación de peaje. Seguimos por ese camino disfrutando del día espectacular con mucho sol y temperatura un poco más que primaveral.
Ya metidos hasta las bolas en el campo, mientras pedaleábamos con viento a favor, surgió un momento de tensión: un piedrazo que vuela hacia nosotros proveniente de un grupo de unos cinco tipos que avanzaban por el camino junto a unos diez perros galgos conformando una línea de caza ineludible.
No sé si el piedrazo que tiró uno de los pibes tuvo como fin golpearnos o probar si lograba lanzarla lo suficientemente lejos tomando como referencia nuestros cuerpos en movimiento. Lo cierto es que al pasarlos surgió un mangazo de agua a Gabriel, pedido que -interpreté- tuvo como finalidad testear si ibamos al pie o no. Y no, no había agua para los cazadores con perros y seguimos adelante.
Llegamos a la estación La Noria del FFCC Roca, la cual está rodeada de nada, con la única compañía de la Escuela N°19 –que funciona sobre un edificio escolar típico bonaerense etapa Gobernador Fresco- y unos animales que cuida una familia que ocupa parte del edificio ferroviario a modo de vivienda.
La estación se encuentra en estado lamentable, sin techo. Apenas si sirve de resguardo para la familia que se ha refugiado allí seguramente empujada por la necesidad.
Seguimos viaje hacia Uribelarrea y en medio del camino nos cruzamos con un viejo Megabiker llamado Rodolfo quien se encontraba paseando con su hija con destino idéntico al nuestro.
Pasando la entrada a la estancia La Figura y la escuela salesiana Don Bosco entramos a “Uribe” donde se estaba celebrando la “Fiesta de la picada y cerveza artesanal”. El pueblo estaba impecable, todo muy prolijo.
Almorzamos unos sorrentinos –previa picada de fiambres- tras lo cual visitamos la estación ferroviaria del pueblo (Ramal Cañuelas – Lobos) y nos animamos a rodar por arriba de las vías pese a la presencia de rosetas.
Antes de retornar a Cañuelas decidimos entrenar un poco cargando peso extra, para sacar patas, y por eso compramos dulce de leche, chorizos y queso en la escuela Don Bosco.
Rodando en sentido norte –con persistente y fuerte viento en contra- pasamos por el paso a nivel de las vías que unen Cañuelas con Uribe, y divisamos a nuestra derecha el cabin de señales desde donde se maneja el desvío del ramal a Lobos.
Cerramos la tarde tomando un helado –super recomendable- en la heladería que se encuentra frente a la plaza principal de Cañuelas.
Jorge
Link con todas las fotos:

domingo, 27 de septiembre de 2009

FOTOS SALIDA MEGABIKERS LAS HERAS - LOBOS

Apeadero Speratti

Almacén García (Lobos)

Los Mega en Lobos

Parece una toma de la película 2001 Odisea en el Espacio de Stanley Kubrick

SALIDA MEGABIKERS LAS HERAS (BA) - LOBOS

Los restos del palomar cerca del apeadero Speratti
Vieja locomotora de vapor radiada en Empalme Lobos
Sorteando el vado
Cartel Estación Zapiola

Una nueva salida organizada por Alepol. Esta vez por el sudoeste de la provincia de Buenos Aires.
Salimos de la localidad de General Las Heras a media mañana siguiendo en paralelo -por la RP48- las vías del Ferrocarril Sarmiento con destino a Lobos.
Pasamos por el apeadero Speratti (por el nombre de un estanciero y vecino honorario de General Las Heras) y la estación Zapiola (llamada así en honor del militar José Matías Deogracias Zapiola, héroe de la Independencia) del ya mencionado Ferrocarril Sarmiento. Como puntos de interés se destacan –desde ya- todos los edificios ferroviarios, el campo privado que posee restos de viejos trenes, el edificio en el que funcionó el Almacén “El Ombú” (Speratti), y un viejo palomar semiderruido por efecto del implacable paso del tiempo, hoy refugio de feroces avispas marrones.
En Lobos visitamos el viejo edificio de lo que fue el almacén “García” y almorzamos en el Parque Municipal.
Antes de retornar a Las Heras visitamos la estación “Empalme Lobos”. Según el sitio web oficial de la Municipalidad de Lobos (http://www.lobos.gov.ar/) en 1871 llega a Lobos el Ferrocarril Sud, cuya trocha se desplaza de Norte a Sud, dividiendo en dos la traza del Pueblo y ocupa para su playa de maniobras y descarga seis manzanas del núcleo Central.
La estación es espectacular pero se encuentra en un estado lamentable con ventanas rotas y una mugre inocultable.
Abundaban las rosetas lo que se evidenció en la cantidad de pinchaduras que tuvieron algunos integrantes del grupo en lo que quedó de la salida.
Entrando a la tardecita en Las Heras visitamos un viejo edificio en el que funcionó el Almacén Carllinni inaugurado en 1889. Se destaca un viejo surtidor de nafta que se encuentra bastante deteriorado pero resiste.
Cerramos el día con unas pizzas en el bar que mira a la Plaza de Las Heras.

Nota aparte: en la página http://www.lasherasweb.com.ar/ encontré un texto perteneciente al escritor Juan Carlos Crespo llamado “El Surtidor de Carllinni” y dice así:

Hoy ves pasar la vida
envuelto entre recuerdos,
cargando este presente
sin salud ni remedio.

Soportando inclemencias
implacables del tiempo,
con el cuerpo derruido,
con un futuro incierto.

Memorizas pasados
laboriosos, intensos,
aferrado a la esquina
en tus pies de cemento.

Fuiste para la historia
un jalón de progreso,
y de un pueblo creciente
sobrio y cabal ejemplo.
Tu porte, casi humano,
alto, rígido, enhiesto,
se cayó con los años
y hoy tiembla en el viento.

No hay color en tu cuerpo
ya no hay nafta en tus venas,
ni la mano de goma
tu cintura rodea...

Tu almacén compañero
detrás, mudo, te observa;
el rigor de los años
le ha marcado sus huellas.

Junto a él sobrevives,
genuino, legendario,
en Pellegrini y Las Heras
sumando calendarios.

¡Ah... surtidor de Carllinni!
paso a tu lado, te veoy pienso
¿desde qué estrella
te sostendrá Juan Mateo?